miércoles, 29 de abril de 2015

Pasarelas de Alquézar - Asque - Colungo

Panorámica de Alquézar
La semana pasada nos desplazamos a la Sierra de Guara. El tiempo amenazaba lluvia por la zona norte y optamos por hacer una ruta por tierra más baja. Así que nos fuimos a la villa medieval de Alquézar (640 metros), reconocida hace poco como uno de los Pueblos más Bonitos de España.

En su parte alta encontramos la majestuosa Colegiata de Santa María (s. IX), antaño fortaleza musulmana y desde 1966 Monumento Nacional. El casco urbano de la villa, declarado Monumento Histórico-Artístico en 1982, nos envuelve y transporta a su pasado medieval mientras recorremos sus estrechas y empedradas calles, llenas de un rico patrimonio cultural, como así lo atestiguan sus dos museos. En el Museo Etnológico de Casa Fabián podemos descubrir cómo era la vida antaño, y en el de la Colegiata destacan obras de escultura y pintura.

Cueva de Picamartillo
Dos partes bien diferenciadas dividirán nuestra ruta. En la primera, ideal para realizar en familia, acompañaremos al río Vero por sus famosas pasarelas y, en la segunda, realizaremos la primera etapa del Camino Natural del Somontano de Barbastro por el GR-1.1, pasando por el pueblo de Asque hasta llegar a Colungo, donde iniciaremos el regreso hasta Alquézar. En total, la circular será de unos 15 kilómetros y menos de 800 metros de desnivel positivo.

El recorrido se inicia en la bonita Plaza Mayor. Nos dirigiremos a la calle que nos lleva a la Colegiata para descender una rampa existente a la izquierda. A escasos metros, una señal indica las Pasarelas del Vero por el sendero S-4 del Parque Nacional de la Sierra y los Cañones de Guara

Pasarelas del Vero
Poco a poco nos adentraremos en la umbría del Barranco de la Fuente, afluente del Vero, encajonado entre las murallas y covachos de la Peña Castibián y los muros de la Colegiata. Un total de siete tramos de pasarelas de madera construidas en el año 2002 permiten salvar el barranco hasta llegar al cauce del Vero.

Tras este primer tramo de pasarelas, nos desviaremos hasta la singular Cueva de Picamartillo (550 metros), formada gracias a la acción erosiva del agua sobre la roca. Tras una breve visita, volvemos al camino principal y comenzaremos el segundo tramo de espectaculares pasarelas metálicas que permiten un bonito y fácil paseo colgados sobre el cauce del Vero aun cuando éste baja con más caudal. 

Cañón del Vero
Tras una hora disfrutando de este bonito recorrido llegamos a una bifurcación que nos permite volver a Alquézar o continuar hacia Asque por el citado Camino Natural del Somontano, así que tomamos la segunda opción y en unos minutos llegaremos al histórico Puente del Molino o de Fuendebaños.

Desde este punto, nos quedan 3 kilómetros y unos 150 metros de desnivel para llegar a Asque (630 metros). A medida que vamos ascendiendo podemos contemplar a nuestra espalda unas bonitas vistas de Alquézar. Tras dos horas desde el inicio llegamos al pueblo, donde nos reciben un par de perros asomados a una ventana. En Asque destaca la iglesia parroquial de Santa Columba (s. XVII), el Centro Artístico del Guadamacil y sus extensos campos, que nos reciben amarillos con motivo de la primavera.

Puente del Diablo
Bien indicado, seguiremos el sendero histórico hacia Colungo, que se encuentra a menos de dos kilómetros. Descendemos unos 90 metros hasta el Barranco del Fornocal y lo cruzamos por el Puente del Diablo, vía tradicional de comunicación entre ambos pueblos. Su espectacular ubicación, la dificultad de su construcción y el riesgo que ésta supuso, algunas leyendas atribuyen su existencia al mismo diablo.

Sólo nos queda ascender otros 70 metros hasta Colungo (610 metros) donde, tras unas tres horas, repondremos fuerzas en uno de sus bares. Declarado Bien de Interés Cultural, en Colungo podemos viajar a la prehistoria visitando el Centro de Interpretación de Arte Rupestre o contemplar fachadas solariegas del s. XVI como las de Casa Notario o Casa Broto y del s. XVIII como la de Casa Avellanas, además de su iglesia parroquial de Nuestra Señora del Pilar (s. XVI), de estilo gótico tardío.

Mirador de San Lucas
Tras el descanso iniciamos la vuelta por el mismo sendero retrocediendo hasta Asque, volviendo a cruzar el Puente del Diablo, acercándonos a la fuente y los lavaderos. Ya en Asque, debemos tomar el señalizado camino que nos llevará a Alquézar por el Puente de Villacantal (s. XVI).

El camino es muy agradable, acompañados por el colorido primaveral y un amplio paisaje. Tras una media hora, nos encontraremos con una curiosa caseta y comenzaremos un intenso descenso hasta llegar al Barranco de Lumos. Caminaremos unos minutos por su seco cauce y llegaremos al Puente de Villacantal en una hora y media desde Colungo.

Primavera en Asque
Por este puente discurría el camino que desde Sobrarbe bajaba hasta Barbastro y su dificultoso acceso nos muestra la importancia que tuvo Alquézar como punto de comunicación en tiempos pasados.

Tras las pertinentes fotografías, nos queda el último repecho de 150 metros de desnivel que, en moderada pendiente pasa por el collado de San Lucas con unas espectaculares vistas del Cañón del Vero y la Cueva de Picamartillo, para poner punto y final regresando a Alquézar tras poco más de dos horas de vuelta.

Barranco de Lumos
Sencilla circular de unas cinco horas que recorre una de las zonas más bonitas e históricas de la Sierra de Guara. No hace falta realizar todo el recorrido que hemos propuesto para saber que el Cañón del Vero impresiona a cualquiera. Sólo con asomarse a sus pasarelas podemos contemplar el trabajo que, pacientemente durante siglos, ha realizado el agua en estos bellos paredones. Esperamos que os haya gustado el camino de hoy y que no tardéis en conocerlo.

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lunes, 20 de abril de 2015

Ermitas de Yebra de Basa y Oturia

Cuevas y Cascada de Santa Orosia 
Le teníamos ganas a esta ruta, no sólo por su belleza paisajística, que está fuera de toda duda, sino por lo que significa para la gente de Sobrepuerto. Hoy os mostramos la ruta de las ermitas de Yebra de Basa, en la que descubriremos lugares tan bellos como históricos y pondremos el broche de oro ascendiendo al Pico Oturia (1910 metros).

Es una ruta sencilla pero con la dificultad de salvar 680 metros de desnivel hasta Santa Orosia, y otros 350 metros si se quiere ascender hasta el Oturia, por lo que el desnivel positivo total sobrepasa los 1000 metros. El sendero está muy bien señalizado y acondicionado.

Llegando a la Ermita de las Escaroniellas
Llegamos a Yebra de Basa (870 metros) e iniciamos el camino junto a la bonita iglesia gótica de San Lorenzo (s. XVI). Cruzamos el pueblo en dirección norte hasta toparnos de frente con la primera de las ermitas, la de L’Angusto o de las Cruces, y con una bifurcación.

Las dos direcciones nos van a llevar al mismo lugar, el Santuario de Santa Orosia. A la derecha, la pista de uso restringido para ascender en vehículo hasta el llano (pedir las llaves en el Ayuntamiento o en los bares de Yebra) y a la izquierda, el sendero de las ermitas, que coincide en su mayor parte con el PR-HU-4, que nos llevará hasta los prados del Santuario.

Valle del Basa
A los pocos minutos cruzamos el barranco de Santa Orosia, que no lleva más de medio palmo de agua, y comenzaremos el ascenso por un tramo habilitado con unas escaleras de madera. 

Tras la primera media hora llegaremos a la Ermita de las Escaroniellas y tras otros quince minutos a la Ermita de As Arrodillas donde, según cuenta la tradición, sobre su roca quedaron grabadas las rodillas de Santa Orosia cuando fue decapitada. Llevamos casi una hora caminando y ya vamos teniendo una perspectiva más amplia del valle del Basa.

Ermita de Santa Bárbara
A los pocos minutos, volvemos a cruzar el barranco de Santa Orosia en un rincón con mucho encanto, donde aprovechamos para tomar algunas fotos. Entramos ahora en un bosque fresco y sombrío que hace que el ascenso sea más llevadero. Poco a poco nos vamos acercando al lugar más conocido y espectacular de la ruta. Las Cuevas y la Cascada de Santa Orosia, que cae por delante de las mismas como si de una fina cortina de agua se tratase.

Las Cuevas de Santa Orosia las componen dos bonitas ermitas, la de San Cornelio (abajo), hermano de Orosia, y la de La Cueva (arriba), donde se encontraron sus restos, ambas construidas aprovechando las cavidades que la erosión de la naturaleza ha formado durante siglos. La suerte hizo que otro grupo que nos acompañaba llevara las llaves de la ermita de la Cueva. Poder entrar a este rinconcito y tocar esas campanas que durante tanto tiempo sonaron en Sobrepuerto, de verdad que impresiona y seguro que seguiría emocionando a cualquier ser humano con raíces en esta despoblada zona.

Pasamos por detrás de la Cascada de Santa Orosia para proseguir nuestro camino. El sendero discurre ahora por un balcón de conglomerado con espectacular panorámica al valle del Basa. En unos minutos llegamos a la Ermita de San Blas y, tras dos horas, a la Ermita de Santa Bárbara, quien murió en circunstancias parecidas a las de Santa Orosia.

Santuario de Santa Orosia
En nada vemos la llanura de Santa Orosia al fondo. Signo de que el camino de ida está casi finiquitado, no sin antes hacer una parada en la Ermita de A Cruz d’O Zoque, lugar donde las gentes del valle del Basa y de Sobrepuerto se reunían el día de Santa Orosia. Antes de llegar al Santuario, hay que dedicar unos minutos al paisaje que se abre ante nosotros. La Bal Ancha, la Bal Estrecha, con Sabiñánigo en primer plano, Jaca al fondo junto con la imponente Peña Oroel (1769 metros). Si gusta ver semejante panorámica en fotos, en directo no tiene precio.

Bal Ancha, Bal Estrecha y Peña Oroel
En dos horas y media sin contar las paradas llegamos a Santa Orosia (1550 metros), lugar que cada 25 de junio acoge una multitudinaria romería. Allí nos encontramos con mucho movimiento de gente que venía a pasar el día a este bello lugar. Algunos ya habían preparado su despliegue. El paquete de 24 latas de cerveza enfriándose en la fuente nos decían que iban bien equipados para la ‘dura’ jornada que les esperaba.

Mientras algunos desenvolvían la comida, otros nos preparábamos para poner el colofón a tan bonita ruta subiendo al Oturia, al sur de Sobrepuerto. Desde Santa Orosia, son 350 metros de desnivel positivo, muy fáciles, que conseguimos salvar en 45 minutos a buen ritmo. Desde la cima, sobran las palabras. 

Altas cumbres de Ordesa desde Oturia
A pesar de su modesta altitud, el Oturia destaca por ser un mirador excepcional. Todo el Pirineo nevado, identificando cada pico, cada valle, pensando en futuras ascensiones y en lo privilegiados que somos de poder disfrutar de tan maravilloso paisaje. Localizamos fácilmente un sinfín de cumbres como la Pala de Ip, Collarada, las Sierras de Tendeñera y Partacúa, Arriel, Balaitous, Frondiellas, Midi d’Ossau, las Treserols y el valle de Ordesa, la Brecha de Rolando y las Tres Marías, Sestrales, Tozal de Guara

Sierra de la Partacúa y zona de Collarada desde Oturia
Tras las pertinentes fotos pusimos rumbo hasta Santa Orosia donde nos esperaba el resto del grupo. Disfrutamos de la comida con la cabeza aún en la cima y tras reponer fuerzas brevemente comenzamos el regreso.

Para no volver por el mismo camino realizamos el descenso por Isún de Basa (980 metros). El sendero no tiene pérdida. Desde Santa Orosia hay que dirigirse hacia la Punta del Mallo (1650 metros) y sus bien visibles antenas e ir paralelos a la cresta en dirección noroeste hasta encontrar un hito que indica el sendero de bajada hacia Isún. Un bonito sendero en el que se disfruta de las vistas hacia la Peña Oroel, la Bal Ancha y la Bal Estrecha, para poco a poco girar hacia el valle del Basa por un fresco y sombrío bosque.

Isún de Basa. Iglesia de Santa María
En dos horas de intenso pero bonito descenso nos plantamos en Isún de Basa, un pequeño pueblo en el que destaca su bonita iglesia de Santa María, originariamente del s. XI y declarada Bien de Interés Cultural en 1982. Continuamos por carretera por el GR-16 procedente de Satué hasta la localidad de San Román de Basa (990 metros), a la que llegamos en unos 15 minutos. Aquí el GR vuelve a ser un sendero que, con alguna que otra pendiente, cruzará el barranco de Gabardué y nos dejará en Yebra en una hora de camino, poniendo punto y final a una jornada extraordinaria en unas 7 horas, sin contar las numerosas paradas que, por su belleza, requiere este paraje al que. sin dudarlo, volveremos.

Atardecer sobre el barranco de Santa Orosia
Al día siguiente nos enteramos que el grupo que portada las llaves son, como nosotros, Amigos de Sobrepuerto. Se dirigían a Satué en la Ruta del Santo Grial y, aunque sólo nos conocíamos virtualmente, sí que nos hubiera gustado charlar más con ellos y compartir nuestra impresión acerca de este lugar. 

En 2007 nació un proyecto para proteger este entorno y calificarlo como ‘Paisaje protegido de Santa Orosia y Sobrepuerto’. Tras muchos años luchando por ello, todavía no ha sido posible conseguirlo, así que se están recogiendo firmas para volver a dar visibilidad al proyecto.

Yebra de Basa. Inicio y final de ruta
La figura de Paisaje Protegido, muy solicitada por diversas asociaciones y antiguos descendientes de la zona, conllevaría el reconocimiento a un modo de vida tradicional que perduró durante más de mil años. Sería, sin duda, un homenaje a los que allí vivieron, y a la naturaleza que vuelve a conquistar lo que era suyo, además de una oportunidad de desarrollo sostenible para los pueblos colindantes.

Desde aquí os animamos a firmar la petición:

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jueves, 9 de abril de 2015

Peña del Sol y Mirador de los Buitres

Mirador de los Buitres
Hace un par de semanas nos acercamos al Reino de los Mallos para realizar una ruta que ya teníamos pendiente desde hacía tiempo.

Una ruta en la que descubrimos parajes como la Peña del Sol (1286 metros), el Mirador de los Buitres y el sendero de Os Fils. Visitamos el conjunto medieval de las ermitas de San Miguel y de la Virgen de Marcuello y las ruinas de su Castillo para cerrar el círculo volviendo por Linás de Marcuello. Un total de 16 kilómetros de longitud y un desnivel positivo acumulado de unos 820 metros con unas vistas increíbles de la Hoya de Huesca durante todo el recorrido.

Hoya de Huesca desde la Peña del Sol
Nuestro punto de inicio es el pueblo de Sarsamarcuello (760 metros), a diez kilómetros de Ayerbe. Tras callejear brevemente nos dirigimos a su parte alta en busca de un merendero desde donde comenzamos a caminar. Bien señalizado, el PR-HU-99 nos acompañará en el ascenso hasta la Peña del Sol. Ya desde el inicio tenemos vista de la misma y del desnivel de 530 metros que tenemos que salvar para conquistarla.

El ascenso es incómodo y el firme inestable en la primera parte del sendero. El mayor desnivel se salva en los dos primeros kilómetros. Tras éstos, el firme mejora y la pendiente de hace más llevadera. A mitad de camino, cruzaremos una pista forestal procedente de Riglos y en una hora escasa de camino llegaremos a la Collada de Espaldadero (1227 metros), la antesala de la cima, donde realizamos un descanso para reponer fuerzas antes de coronarla en hora y media aproximadamente, sin contar paradas.

Mallo Tornillo
A pesar de su modesta altitud, la Peña del Sol tiene una fabulosa panorámica de la Hoya de Huesca, del curso del río Gállego y del embalse de la Sotonera. Vista privilegiada en la que divisamos gran parte de los conjuntos urbanos de la zona: Sarsamarcuello, Linás de Marcuello, Ayerbe, Santa Eulalia de Gállego, Morán, Santa Engracia, Loarre, Aniés y Bolea, además de la ermita de San Miguel y las ruinas del Castillo de Marcuello. En días claros como el que pudimos disfrutar, es posible divisar el Moncayo (2314 metros) como telón de fondo.

Macizo de Os Fils
Regresamos al collado y seguiremos la pista que, en fuerte descenso, nos llevará hasta O Portillo (1131 metros), con buena panorámica hacia las cumbres nevadas del Pirineo

Allí, continuaremos el descenso por un sendero señalizado a la izquierda, rumbo hacia la ermita de San Miguel y el Castillo de Marcuello, a las que llegamos tras una hora de descenso y que decidimos visitar a la vuelta más detenidamente. A partir de aquí, una pista indicada hacia el Mirador de los Buitres nos dejará en el mismo en una media hora desde la ermita.

Por la belleza que atesora, es difícil calificar este mirador. Los espectaculares conglomerados de los Mallos de Riglos, muy frecuentados por los escaladores, captan nuestra atención junto con la Peña Rueba (1176 metros). Abajo, diminuta, emerge la localidad de Riglos y, al fondo, los bonitos Mallos de Agüero. Este mirador consta además de una construcción desde donde contemplar en silencio el vuelo de numerosas aves rupícolas.

Virgen de Marcuello y ruinas del Castillo
Tras contemplar todo cuanto nos rodeaba, comenzamos el regreso por el sendero de Os Fils, colgado sobre unas impresionantes formaciones rocosas entre las que podemos observar el famoso Mallo Tornillo o el Tornillito desde sus miradores. Desde luego, un sendero sencillo y muy entretenido que merece la pena conocer para no regresar por la monótona pista.

En unos 45 minutos volvemos al Castillo de Marcuello y a su adosada ermita de Nuestra Señora de Marcuello, ambos del siglo XII, a los que dedicamos unos minutos. En realidad, el castillo sólo conserva en pie una de sus paredes a pesar de los intentos para llevar a cabo su restauración. 

Hoya de Huesca
Mejor suerte tuvo la ermita románica de Nuestra Señora de Marcuello, que sí fue restaurada en el año 2010, en la que podemos observar el carácter defensivo de su torre-campanario. Próximos a los restos del Castillo, se conserva la ermita de San Miguel (s. XII) construida originalmente en estilo románico tardío.

El emplazamiento del Castillo de Marcuello es increíble, superando al de Loarre por su campo visual. Formó parte de una cadena de fortificaciones creadas por Sancho II El Mayor en la frontera de los territorios musulmanes de Huesca y Barbastro. Junto al de Agüero, Loarre y Ayerbe, entre otros, formaron parte del Reino de los Mallos. A lo largo del siglo XV, como pasó con Loarre, los habitantes del castillo descendieron al llano ocupando Sarsamarcuello y Linás, con el fin de poder acceder a mayores superficies de cultivo.

Peña del Sol
A escasos metros del castillo, un poste de dirección nos marca el GR-1 hacia Linás de Marcuello. Un cómodo sendero con unas preciosas vistas hacia la extensa Hoya de Huesca nos deja en el pueblo en unos 50 minutos. Y ya en Linás, cerraremos la circular siguiendo las señales hacia Sarsamarcuello, poniendo el punto y final a una estupenda jornada de unas cinco horas, sin contar las numerosas paradas que exige la belleza de la ruta. 

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miércoles, 11 de marzo de 2015

Vadiello - Huevo de San Cosme

Mallos de Ligüerri y Pico Borón
El Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara (d’a Sierra y as Foces de Guara) fue declarado como tal en 1990 y nombrado Lugar de Interés Cultural (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) más adelante. Sus más de 80.000 hectáreas nos abren un enorme abanico de posibilidades y mucho por descubrir. Su riqueza paisajística y su gran valor etnológico y patrimonial harán que nuestra visita sea de lo más productiva. 

Guara presume de tener algunos de los mejores descensos de barrancos y cañones de toda Europa, además de ofrecer a los amantes de la escalada formaciones rocosas muy atractivas y tener una amplísima red de senderos señalizados, como el que hoy os vamos a detallar y que nos lleva al embalse de Vadiello.

Esconjuradero de la Cruz Blanca
Para llegar al embalse tomaremos la carretera N-240 hacia Barbastro, nos desviaremos en dirección Loporzano y continuaremos unos 14 kilómetros hasta llegar al embalse, donde la carretera se termina. En una explanada antes de entrar en unos túneles de roca aparcamos los coches.

Conjunto de San Cosme
Ya en el aparcamiento tenemos paneles informativos de la ruta. Hoy seguiremos el itinerario S-7 del Parque o PR-HU-166. Descubriremos varias ermitas, la mayoría en estado ruinoso, y el pequeño mirador del Huevo de San Cosme, con posibilidad de ascender a la Peña de San Cosme (1048 metros). Un sencillo recorrido de 12 kilómetros ida y vuelta y apenas 220 metros de desnivel positivo (315 metros si se hace cima).

Iniciamos el camino atravesando el túnel de la derecha que nos conduce a la presa del embalse de Vadiello (730 metros), construida en 1971. Este pequeño embalse almacena el caudal del río Guatizalema y es uno de los que abastece de agua a la ciudad de Huesca.

Ermita de la Fuensanta
Nada más cruzar la presa comienza una ancha pista cerrada al tráfico que rodea el embalse por el sur. Camino muy cómodo y con una buena panorámica de los Mallos de Ligüerri (La Mitra, El Puro y el Mallo de San Jorge) y el calizo Pico Borón (1327 metros) a nuestra espalda.

Tras un par de kilómetros y media hora de camino, nos encontramos con un desvío señalizado hacia la ermita de San Cosme y San Damián. En este punto se ubica el esconjuradero de la Cruz Blanca (830 metros), de planta cuadrada y abierto hacia los cuatro puntos cardinales. Construcciones donde antiguamente se rezaba para ahuyentar de la zona las tormentas de viento y granizo.

Huevo de San Cosme
Una senda nos adentra en un bonito bosque y en unos 20 minutos llegamos al conjunto de San Cosme (800 metros), formado por la ermita de San Cosme y San Damián, la casa del ermitaño y la casa de los Condes de Villahermosa. La ermita está ubicada en la pared sur de la Peña de San Cosme y fue restaurada y cerrada al público por sus propietarios en el año 2006, por lo que no se puede visitar.

A partir de aquí, continuamos la pista. Pasaremos por delante de la ruinosa ermita de San Úrbez (820 metros), para descansar en la de Fuenblanca (835 metros), la mejor conservada. En su interior, unas mesas de piedra y un manantial del que brotan dos chorros de agua fresca invitan a tomar un respiro.

Hoya de Huesca
Tras la parada, proseguimos el camino pasando por la ermita de San Gregorio (840 metros) y por la de la Virgen de la Fabana (850 metros), que como la de San Úrbez, se encuentran en pésimo estado de conservación.

Tras media hora de camino desde San Cosme y San Damián, cambiaremos la pista por un sendero en un desvío señalizado a la izquierda hacia el Huevo de San Cosme (910 metros) que asciende fácilmente hasta un llano conocido como El Plano. Avanzaremos por un sombrío y fresco bosque de carrascas, donde volvemos a ver una importante señal indicando el Huevo de San Cosme. Prestad mucha atención a este punto, más tarde hablaremos de él.

Vadiello desde la cornisa
Continuamos los últimos metros a hasta alcanzar el mirador del Huevo, donde termina el itinerario (905 metros) tras 2 horas de camino. Dada la cercanía de la mole, de unos 50 metros de altura, y el pequeño mirador ubicado a sus pies, la perspectiva pierde atractivo pero no deja de impresionarnos.

Retrocedemos sobre nuestros pasos para desviarnos hacia la Peña de San Cosme. En la última señalización que hemos mencionado hacia el Huevo, ubicada en el bosque del Plano, parte un sendero en dirección suroeste marcado con escasos hitos. Sabiendo esta indicación, el sendero no tiene pérdida alguna y nos lleva en unos 20 minutos hasta la cornisa de la Peña, desde donde vemos desde lo alto el entorno del embalse y los Mallos, así como el curso del Guatizalema y la Hoya de Huesca

Pico Borón
La techumbre de la ermita de San Cosme y San Damián se ubica a más de 150 metros bajo nuestros pies. El recorrido por pista que hemos seguido se divisa muy bien desde estas cornisas, pudiendo apreciarse incluso el esconjuradero por el que nos hemos desviado con anterioridad. Merece la pena acercarse hasta este lugar y disfrutar de sus vistas.

Si se quiere hacer cima debemos de cruzar el Paso de la Nartesa. Un paso muy corto pero muy expuesto, no recomendado para la gente con vértigo. Está provisto con una cuerda que facilita el trabajo. Una vez en el otro lado, sólo queda seguir por el firme conglomerado hasta llegar a la cima, a la que nosotros renunciamos debido a las fuertes rachas de viento que ya soplaban tras el Paso de la Nartesa.

Misteriosos los Mallos de Ligüerri 
Tras disfrutar de la amplia panorámica que nos ofrece este balcón, volvemos sobre nuestros pasos de nuevo hasta El Plano y, desde aquí, por el mismo camino hasta llegar a la pista. Continuaremos en leve ascenso hasta el alto de la Carrasca (940 metros) donde la pista comienza a descender hacia el embalse apreciando, ahora sí, frente a nosotros los Mallos de Ligüerri y el Pico Borón, poniendo punto y final a la ruta tras unas 5 horas contando las paradas.

A medida que descendíamos las nubes iban adueñándose de los Mallos, dándoles por momentos un aspecto imponente y misterioso. Un frío viento, tímidos copos de nieve y un leve granizo nos acompañaron en los últimos metros. Más que amenazarnos, hicieron que disfrutáramos más viendo cómo cambiaba el paisaje en cuestión de minutos.

Embalse desde la presa
Una sencilla y entretenida ruta para conocer una pequeña parte de este Parque Natural. El camino hasta el Huevo de San Cosme es apto para todas las edades. Para los más atrevidos, la Peña de San Cosme es el colofón a una jornada tranquila y muy gratificante. Esperamos que os haya gustado.

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sábado, 14 de febrero de 2015

Ibón y Arco de Piedrafita

Barranco del Boj. Corona del Mallo y Peñas Parda y Telera
Aprovechando el sol y el buen tiempo antes de la última gran nevada, nos acercamos al valle de Tena para ver uno de los ibones más accesibles de todo el Pirineo, el ibón de Piedrafita (1610 metros). Para nosotros un lugar tan conocido como hermoso pero que siempre apetece volver a visitar.

Para ello nos acercamos hasta el pueblo de Piedrafita de Jaca, a 12 kilómetros de Biescas, y seguimos las indicaciones hacia el conocido Parque Faunístico de La Cuniacha (1370 metros), en cuyo aparcamiento dejamos el coche.

Ibón de Piedrafita y Peña Telera
La Cuniacha es un Parque en el que podremos contemplar 13 especies de animales que se encuentran en semi-libertad y repartidas en diferentes recintos. A lo largo de unos 4 kilómetros realizaremos un recorrido conociendo el hábitat de ciervos, renos, corzos, gamos, sarrios, cabras montesas, bisontes y lobos europeos, jabalíes, muflones, linces boreales, osos, caballos de Przewalski y otras especies autóctonas como ardillas, marmotas y aves. Es un buen plan para pasar un día en familia y muy recomendable para enseñar a los más pequeños a disfrutar y cuidar de la naturaleza que los rodea.

Arco Natural de Piedrafita
La ruta que os describimos comienza en la puerta del Parque y asciende en su mayor parte por pista forestal cerrada al tráfico por una barrera. Ya desde el inicio encontramos una señal de madera indicando la dirección a seguir. El camino no tiene ninguna pérdida y es muy llevadero. Apenas 240 metros de desnivel, 4 kilómetros de distancia y una hora de tiempo, sin contar la vuelta.

Como es lógico, el invierno se hace notar. El paisaje en esta época del año le otorga al paseo aún más ingredientes, si cabe. Encontramos todo el camino con nieve y alguna zona helada, por lo que hay que tener cuidado de no resbalar y caerse. Una ruta muy recomendable para realizar con raquetas de nieve.

'Residencia' de pastores
A medida que ascendemos, vamos teniendo una mejor panorámica del valle y de la Sierra de la Partacua, con la Corona del Mallo, Peña Parda y la imponente Peña Telera (2761 metros) al frente, a cuyos pies se encuentra el ibón. Va apareciendo el núcleo de Piedrafita de Jaca y, al otro lado del valle, los pueblos de Panticosa y El Pueyo de Jaca, junto a las tranquilas y azules aguas del embalse de Búbal, arropados por el imponente macizo de Tendeñera.

Dejaremos atrás el desvío hacia la Plana Terrosa y en unos 40 minutos llegaremos al Barranco del Boj, que recoge las aguas del ibón. Dejaremos a la derecha la pista y el Refugio de Telera o de las Planas y tomaremos un desvío señalizado que en unos 15 minutos nos dejará en nuestro destino.

Peña Blanca y Mandilar
Este es el tramo más bonito del recorrido. Caminamos al borde del barranco en silencio, con el único sonido de las aguas circulando por debajo del hielo. Todo el paisaje blanco, virgen, como si nadie supiera de su existencia, ninguna pisada humana, nada que alterase su perfección.

Y por fin, ante nosotros, la imponente Peña Telera nos muestra su secreto, su rincón, su tesoro más preciado. Envuelto en hielo, tiritando de frío, el ibón apenas se aprecia por la nieve que lo rodea y lo protege hasta la llegada de la primavera. Merece la pena rodearlo para contemplar la belleza del paisaje desde todos sus ángulos.

Musales, Frondiellas y Balaitous
Aquí finaliza nuestra ruta, pero decidimos aproximarnos al Arco Natural de Piedrafita (1850 metros) para alargar un poco más el paseo. Aunque la nieve dificultaba cada vez más nuestro paso y decidimos no subir hasta él, conseguimos tener a la vista esta maravilla de la geología, a la que le prometemos una visita más detenida en otra ocasión.

Paramos a descansar próximos al Arco y nos deleitamos con el innumerable sinfín de picos que tenemos a la vista. Peña Blanca, Mandilar, Fenías, Argualas, Algas, Garmo Negro, Brazatos, Baciás, la Cresta de Labaza, los Dientes de Batanes, Xuans, los Picos del Serrato, Frondiellas, Balaitous, Musales y Palas entre otros muchos.

Atardece en silencio
Esta vez, pudimos captar las últimas luces del día en la Partacua. Transfieren paz, sosiego, tranquilidad, como si las montañas se despidieran de nosotros. En la otra vertiente, los últimos rayos de sol sobre los picos. Las nubes tapando sus cumbres, lentamente, como si la película del atardecer estuviese llegando a su fin. Increíble.

Habíamos hecho esta ruta un par de veces más y nunca la habíamos encontrado tan bonita. Un paseo muy sencillo que merece la pena que conozcáis. El ibón pierde mucho nivel en verano debido a sus reducidas dimensiones, por lo que recomendamos hacer esta ruta en invierno o en primavera. Una ruta que, esperamos, no tardéis mucho en descubrir.

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viernes, 16 de enero de 2015

Bujaruelo y la cabecera del Ara

Puente románico de San Nicolás de Bujaruelo
La mayoría de las veces que cruzamos el pintoresco pueblo de Torla es para visitar el cercano Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Esta pequeña villa está orientada al turista con infinidad de lugares donde comer y alojarse en un entorno privilegiado. En ella llamarán la atención las chamineras típicas pirenaicas y sus empinadas calles, que nos sorprenderán por su gran belleza.

Ubicada sobre un acantilado, su restaurada iglesia parroquial (s. XVI) destaca por su portada románica, desde donde podemos observar el valle de Broto y la muralla de Mondarruego (2848 metros), que nos da la bienvenida con su estampa característica.

Valle de Bujaruelo
Su nueva nomenclatura desde finales del año pasado, Torla-Ordesa, busca más si cabe, mejorar su ubicación de cara al turismo. El valle recibe unas 600.000 visitas al año y la masiva afluencia de vehículos y turistas en la pradera hace necesario, en época estival y en alguna otra fecha concreta, un servicio de autobuses para conservar el privilegiado entorno del Parque y evitar su degradación.

Sin duda, el valle de Ordesa es una buena elección para los amantes del senderismo, pero consideramos que monopoliza el territorio y deja de lado al valle de Bujaruelo y a la cabecera del valle del Ara, no incluidos como Parque Nacional a pesar de su enorme valor natural.

Salto del Carpín
Para nosotros, Bujaruelo tiene un encanto especial. Estamos seguros de que, a quien lo visita  por primera vez, le sorprende y disfruta incluso más que el valle contiguo. Mucho más tranquilo y menos masificado, nos ofrece múltiples alternativas y una belleza paisajística que no tiene nada que envidiar a Ordesa.

Nada más desviarnos a la izquierda en el Puente de los Navarros, entramos en un estrecho cañón al que a la luz le cuesta penetrar y en el que el único sonido que escuchamos es el de las limpias aguas del Ara abriéndose paso entre las rocas. En el camino nos encontramos varios apartaderos para dejar el coche y poder disfrutar y fotografiar cada detalle con tranquilidad.

Recomendamos hacer una parada en el Puente de Santa Elena. Desde él, podemos ver como el barranco del Cebollar se precipita desde una altura de 120 metros para unirse al Ara formando una bonita cascada conocida como el Salto del Carpín.

Salto del Pich
Continuando nuestro camino, dejaremos atrás el camping ‘Valle de Bujaruelo’ y tras 6 kilómetros de pista llegaremos a la pradera de San Nicolás (1340 metros) donde dejaremos el coche junto al camping y el Refugio de Bujaruelo.

En este lugar aún podemos observar las ruinas de la ermita de San Nicolás (s. XIII), primer templo que encontraban los contrabandistas y peregrinos que llegaban de Francia tras cruzar el Puerto de Bujaruelo o de Gavarnie

Junto a ella, se encontraba el antiguo mesón y hospital de peregrinos, convertido en el Refugio actual con capacidad para 60 personas. Pero lo que más nos llama la atención de este lugar es su precioso puente románico (s. XIII), uno de nuestros lugares favoritos.

Si lo nuestro es caminar, podemos llegar a San Nicolás por el camino viejo de Bujaruelo (GR-11), evitando la pista por la que hemos accedido con el coche. Unos metros antes de llegar al Puente de los Navarros tomamos, a la izquierda y bien señalizado, el camino de la Escala que discurre por la derecha hidrográfica del Ara (2 horas) y, en el Puente de Santa Elena, tomamos el sendero del Cobatar (1 hora) que recorre la margen izquierda del Ara hasta llegar a la pradera en unas 3 horas de camino.

Cabecera del Ara
Desde San Nicolás parten numerosas rutas. Podemos descubrir los valles de Otal y Ordiso, asomarnos a Francia por el Puerto de Bujaruelo, la travesía hasta Panticosa por la cabecera del Ara o realizar alguna ascensión como Tendeñera (2845 metros) o Vignemale (3299 metros).

Hoy os describimos un breve pero interesante paseo que nos llevará hasta la entrada del valle de Ordiso. Cruzamos el puente románico y tomamos el sendero que nos conduce por verdes praderas hasta el Puente de Oncins por la ruta ornitológica en media hora de camino.

Una riada se llevó sus vallas hace un par de años y una de ellas aún la podemos observar en la orilla izquierda del Ara en este breve recorrido que llevamos caminado desde San Nicolás. Transparentes pozas invitan al baño en sus inmediaciones.

Vignemale
Único cruce de caminos. Cruzando el puente de Oncins nos desviaremos hacia el valle de Otal, así que nosotros tomamos la pista que asciende hacia la cabecera del Ara, el Vignemale y Panticosa por el GR-11. A partir de aquí, no hay posibilidad de pérdida hasta nuestro destino.

A medida que vamos ascendiendo se va encajonando el río y estaremos rodeados de impresionantes murallas de roca, pero antes nos dejará disfrutar de una buena panorámica del valle de Bujaruelo y de las laderas de Otal en la zona llamada As Trapas.

Transcurrida una hora de camino, pasaremos por delante del bonito Salto del Pich, que en sus últimos metros atraviesa la pista para unirse al Ara, y llegaremos al refugio no guardado del Vado de Ordiso (1590 metros) en poco más de 10 minutos, poniendo punto y final a nuestro paseo.

Buen lugar para sentarse a reponer fuerzas y contemplar, por un lado, la cascada del río Ordiso y la entrada al valle y, por el otro, el Ara descendiendo desde el coloso Vignemale (o Pico Comachibosa en aragonés).

Ordiso desde el Vado
Si deseamos continuar, tenemos dos opciones. A la izquierda nos adentraríamos en el valle de Ordiso (recomendado) y a la derecha nos dirigiremos hacia Panticosa y el Vignemale.

De vuelta, nos desviamos al Puente colgante del Burguil, que cruza las aguas del Ara a considerable altura, desde donde contemplaremos los saltos del Ara. Pasado el Salto del Pich a mano derecha, hay que estar atentos al desvío marcado con hitos de piedra que en apenas un par de minutos nos deja en este bonito lugar.

Sencilla ruta de apenas 200 metros de desnivel y menos de hora y media de ida para descubrir la parte más desconocida del único río virgen que queda en nuestras montañas.

La cabecera del Ara impresiona por la estrechez de sus paredes y la bravura de sus aguas. Sin duda, un lugar para volver y disfrutarlo más tranquilamente.

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