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jueves, 2 de marzo de 2017

Sierra de Bonés por la Raya d'as Tiñas

Ordesa y Treserols desde la sierra de Bonés
La desconocida sierra de Bonés, como el resto de las sierras exteriores pirenaicas, se localiza en una zona de transición entre la depresión del Ebro y los Pirineos.

Se encuentra en la Zona periférica de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la Sierra y los Cañones de Guara pero fuera de los límites del Parque Natural. A pesar de ello este itinerario está incluido dentro de la red de senderos del Parque.

Sierra del Águila y embalse de Arguis
Se trata de un singular itinerario en el que existe un fuerte contraste entre las vertientes sur y norte de la sierra. La solana se halla poblada por un quejigar y la umbría por un bosque mixto de hayas y pinos rodeado por las magníficas praderas de la cabecera del río Flumen. 

El punto de inicio se encuentra a un kilómetro del pueblo Arguis siguiendo la antigua carretera del puerto de Monrepós que se adentra en Guara por Belsué, dejando a la izquierda el desvío hacia Bentué de Rasal, de donde viene el sendero histórico GR-1.

Una de las tiñas que encontramos
Veremos un pequeño poste de madera indicando nuestra ruta y, a escasos metros, un pequeño ensanche para 3 o 4 vehículos donde podemos dejar el coche (1110 metros).

Parte del recorrido coincide con el PR-HU-169 y con el sendero S-10 del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, aunque apenas veamos indicaciones de los mismos.

Comenzamos a ascender entre boj y matorral, llegando en pocos minutos a una bifurcación (1150 metros), donde dejaremos a la derecha el antiguo sendero que asciende al collado de la Manzanera, por donde descenderemos más adelante para cerrar la circular. 

Raya d'as Tiñas
Esta nueva senda, perfectamente marcada con hitos, asciende a la sierra de Bonés por la Raya d’as Tiñas, un sendero que discurre junto a una sencilla pero aérea cornisa rocosa por encima del valle del río Isuela. 

Ascenderemos por la solana entre quejigos, robles, enebro, erizón y boj, pasando junto a una gran piedra por debajo de la cual discurre una pequeña barranquera.

Tras 45 minutos de camino llegaremos a unas ruinosas tiñas (1315 metros), construcciones utilizadas antaño para encerrar y guardar el ganado. Es aquí donde comienza la Raya propiamente dicha e iremos alternando durante un buen rato zonas de llaneo con tramos de ascenso por el borde de su faja rocosa. 

Aparece el Gratal por detrás de Sarramiana
Disfrutaremos de las vistas hacia el sur, con el embalse y el pueblo de Arguis, los montes de San Antón y Sarramiana y los picos Gratal, Peiró y Las Calmas. Al este, se alza el pico Tiacuto y la sierra del Águila, bien reconocible por sus visibles antenas, comenzando a otear el macizo de Cotiella y el Turbón.

Siguiendo los hitos recorreremos sin complicaciones la bonita cresta de arenisca. Encontramos algún tramo más expuesto por lo que habrá que extremar la precaución, sobre todo con terreno mojado o viento fuerte.

La solana de la sierra de Bonés
En poco más de hora y media llegaremos a su punto más elevado, el pico O’Pozo (1508 metros), desde donde podremos observar la sierra de San Juan de la Peña y la cresta de la sierra de Javierre.

Descenderemos hasta el collado Morallón (1480 metros) donde se encontraba la paridera de la Hoya del Reguero, de la que sólo quedan vestigios de las piedras perfectamente dispuestas que delimitaban su cercado.

Collarada y la Partacua imponentes
Siguiendo los abundantes mojones, la rodearemos por su derecha y comenzaremos a ganar altura en dirección noreste entre un mar de erizones y boj.

Un visible tronco apoyado en un hito nos servirá de referencia y, tras poco más de media hora, llegaremos al collado de la sierra de Bonés (1580 metros), en cuyas inmediaciones hay algunos restos de antiguos cercados.

La panorámica se abre al norte, observando la inmensidad del Pirineo. Aparecen, de oeste a este, la Peña Forca, Lenito y la sierra de los Alanos. 

El Peiró y las sierras Caballera y Javierre
Le siguen el Agüerri, el Bisaurín, el macizo de la Bernera, la Llena de la Garganta y la Llena del Bozo, el Aspe y los Lecherines. Más cerca, la sierra de San Juan de la Peña y la Peña Oroel.

Continúa Collarada, Collaradeta, los Bacún, las sierras de la Partacua y Tendeñera, el pico Otal, Bachesango, Toronzué, Tozal de Comas, Mondiniero, Litro, Erata, Pelopín y Manchoya, Oturia y Peña Canciás.

Sierra de Tendeñera desde Bonés
Aparece el Vignemale y en la zona ordesana vemos el Mondarruego, los Gabietos, el Taillón, el Dedo, la Falsa Brecha, Bazillac, la Brecha de Rolando, el Gallinero y el Tobacor, los circos de Carriata y Cotatuero, Punta Acuta, el Casco, los picos de Marboré, las Treserols, la Punta de las Olas, Mondicieto y sierra Custodia.

Al otro lado del collado de Añisclo tenemos La Suca y las Tres Marías, Montinier y Puntas Verdes, el Portillón de Tella y la Peña Altura. Observamos también las puntas Fulsa y Suelza, los macizos de Cotiella y Posets, la Peña Montañesa, el Turbón y las zonas del Aneto y las Maladetas.

Peña Forca, Bisaurín, Llenas, Aspe, Oroel...
Más cerca, en la zona de la sierra de Guara destacan las moles del Tozal y del Cabezo de Guara, apareciendo por detrás de la sierra de Gabardiella junto con el vértice de Fragineto.

Desde este collado podríamos descender por la cara norte de la sierra por la llamada Raya del Pozo hasta enlazar con una pista en las proximidades de la ermita de Santa Magdalena.

Pero nosotros alargaremos la ruta unos 4 kilómetros caminando por el cordal para enlazar una serie de elevaciones entre las que destaca la de mayor altura y que da nombre a la sierra, el pico de Bonés (1608 metros), que alcanzamos tras 3 horas de marcha.

Caminando entre erizones
El cordal es incómodo y el sendero tan difuso que se pierde con facilidad dada la infinidad de erizones que pueblan estas modestas cimas.

Las vistas hacia el valle del río Garona, donde se asientan los pueblos de Bentué y Rasal son espectaculares. Divisamos también la sierra Caballera, que sobresale por encima del monte Peiró. 

Finalizaremos el cordal al conectar con una pista por la que comenzaremos a descender (1550 metros), aunque es posible continuar recorriendo el cordal de la sierra de Javierre hasta su cercano pico Presín. Más adelante, esta pista enlaza con otra que seguiremos en dirección sur pasando por la Fuente Latar, lugar de nacimiento del río Flumen (1450 metros).

Peña Canciás, Posets, Peña Montañesa, Cotiella...
Seguiremos esta cómoda pista recorriendo la falda norte de la sierra de Bonés hasta conectar con el camino que desciende del collado por la Raya del Pozo (1435 metros).

Unos centenares de metros después, enlazaremos con el sendero S-10 y nos desviaremos para visitar la ermita de Santa Magdalena (1400 metros) ubicada junto a una balsa de agua, a la que llegamos en una hora desde el pico de Bonés.

Data de los siglos XVI-XVIII aunque en la actualidad ha perdido su carácter religioso y solo se utiliza como refugio de pastores y senderistas a pesar de su precario estado, ya que su tejado ha comenzado a hundirse.

Fuente Latar, nacimiento del Flumen
Volveremos a la pista y caminaremos por ella hasta encontrar un panel direccional, siguiendo hacia Arguis por el interior de un precioso bosque mixto de hayas y pinos que accede al collado de la Manzanera (1410 metros), desde el que tenemos visión del pueblo de Belsué y el Mesón Nuevo.

Veremos por última vez la panorámica pirenaica para regresar de nuevo a la vertiente sur, por la que comenzaremos a descender trazando una larga diagonal en dirección suroeste.

Ermita o refugio de Santa Magdalena
Desde el solano sendero, en ocasiones muy bien empedrado, volveremos a tener buena perspectiva del entorno de Arguis y de las sierras del Águila y Gratal, que nos acompañará hasta poner fin a esta interesante circular.

Ruta circular de 14 kilómetros de distancia con un desnivel positivo acumulado de 600 metros realizada en 5 horas y media sin contar paradas.

Track de Wikiloc aquí.

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martes, 19 de abril de 2016

Trincheras de Tierz y Castillo de Montearagón

Salto de Roldán y Castillo de Montearagón 
Como las previsiones por el Pirineo no eran del todo buenas, la semana pasada realizamos una interesante circular por tierra baja. Nos fuimos a Tierz, un pueblo situado a escasos 6 kilómetros de Huesca en dirección a Barbastro.

Recorrimos un camino marcado por las huellas que la Guerra Civil dejó en la Hoya de Huesca. El conflicto armado dejó un rastro de construcciones e infraestructuras militares que, con el paso del tiempo, han cobrado un alto interés histórico y patrimonial.

Las milicias republicanas establecieron un cerco en torno a Huesca con base de operaciones en Tierz, donde construyeron un cordón de trincheras en lo alto del Saso que, junto con las tierras de Loporzano y Montearagón, formaron parte de la posición denominada Estrecho Quinto.

Caseta Redonda
Estas trincheras se localizan en un enclave estratégico desde el que se sostuvo el pulso sobre la toma de la ciudad de Huesca, ya que se consideraba que era el punto más dominante desde el que se podía atacar o defender la ciudad. 

Salimos de Tierz (465 metros) por PR-HU-144 que se dirige a la Cruz de Estrecho Quinto y Bellestar. Desde el inicio, la ruta se encuentra perfectamente marcada. Dejaremos a la izquierda este PR y continuaremos hasta toparnos con la ermita de la Santa Cruz o de Los Dolores (470 metros) en 15 minutos de marcha. 

Huesca y Tierz. Al fondo a la derecha, Gratal
Nuestro siguiente punto de interés es la Caseta Redonda (480 metros), a la que llegamos por el Camino Real tras 10 minutos desde la ermita. Su peculiar forma de iglú permitía controlar los 360 grados de su entorno mirando por los ventanicos en aspillera que hay en sus paredes.

En su origen, pudo ser construida como caseta para vigilar las viñas o como punto de cobro de peajes para los rebaños que transitaban por la cañada. Posteriormente, fue utilizada por pastores y, durante la Guerra Civil por soldados milicianos atendiendo a las inscripciones visibles en la piedra.

Interior de una de las cuevas
Tras una breve parada, continuamos hacia lo alto del Saso. Ascendemos por pista hasta llegar, en una hora de camino, a la línea de las trincheras (590 metros). La vamos recorriendo con calma disfrutando de sus vistas y leyendo los paneles informativos que nos vamos encontrando a nuestro paso.

Desde ellas se contempla un paisaje de gran atractivo natural que ofrece una panorámica de la ciudad de Huesca, de los cercanos pueblos de Tierz y Quicena y de los más alejados como Santa Eulalia la Mayor, Castilsabás, Barluenga y Apiés.

Bunker de Estrecho Quinto
Destacan como telón de fondo, la bella Sierra de Guara, a caballo entre el Pirineo y la Hoya, con sus picos Fragineto (1750 metros) y Tozal de Guara (2077 metros), el Castillo de Montearagón, los mallos del Salto de Roldán con sus peñas Amán (1121 metros), San Miguel (1126 metros) y su Fraile (1036 metros), el pico del Águila (1620 metros), el Picón del Mediodía (1404 metros) y más al noroeste las sierras de Gratal y Loarre.

Las cavidades que encontramos junto a las trincheras son galerías subterráneas excavadas por la mano del hombre aprovechando la escasa dureza del terreno. 

Castillo de Montearagón
En general, ofrecían una muy buena protección natural, con pequeños trabajos de acondicionamiento, contra los efectos de los bombardeos y disparos de las armas convencionales. Estas cuevas se revestían para evitar hundimientos y desprendimientos, que eran el mayor peligro de este tipo de estructuras.

Durante la Guerra Civil fueron utilizadas como puestos de mando, de socorro, como refugio ante ataques aéreos y para guarecerse del frío y del fuerte viento del oeste. 

Interior del Castillo de Montearagón
Una vez que hemos salido de la línea de trincheras hallaremos el mirador del Saso Alto y, poco después, volveremos a encontrarnos con el PR-HU-144 que desciende a Tierz pasando por los bunkers de Estrecho Quinto.

Descendemos hasta el llano teniendo visión directa de uno de ellos y continuaremos en dirección a Tierz. Tras una media hora, llegaremos a un cruce de caminos sin señalizar (485 metros) y cogeremos el camino de la derecha que nos acerca a la carretera.

Fragineto, Tozal de Guara y Santa Eulalia la Mayor
En el borde de la misma nace un sendero que desciende al río Flumen. Pegados a su margen izquierda, pasaremos por debajo de la carretera, momentos antes de subir una equipada escalera de metal y cruzar el río por un puente (465 metros).

Tras otros pocos minutos por sendero, conectaremos con la carretera de acceso al Castillo de Montearagón, huella de otras guerras y cercos pasados a la ciudad de Huesca, al que llegamos tras 3 horas de camino, habiendo enlazado en sus proximidades con el PR-HU-145 procedente de Quicena.

Sencillo paso de escaleras
Construido en 1089 por el rey Sancho Ramírez, sirvió como base para la conquista de la ciudad de Huesca que tuvo lugar con la Batalla del Alcoraz en 1096. El castillo se dotó con un monasterio que ejerció como capilla real donde, por un tiempo, reposaron los restos de monarcas aragoneses.

El abadiado de Montearagón llegó a tener hasta 104 iglesias a su cargo, con unas rentas elevadas y numerosos privilegios. Con la desamortización el castillo cayó en la ruina, siendo declarado Monumento Nacional en 1931.

Tierz y la zona de Estrecho Quinto
A pesar de su pésimo estado, domina con su silueta el paisaje de la Hoya de Huesca y el Prepirineo. Pero, al igual que otras muchas piezas de nuestro patrimonio, está abandonado a su suerte, sin protección alguna ante cualquier acto vandálico y sin poner en valor de cara al visitante. Una auténtica pena.

De regreso a Tierz, tomamos el PR-HU-145 antes mencionado para evitarnos parte de tramo asfaltado. Seguimos deshaciendo el camino hasta el río Flumen, volviendo salvar la carretera por debajo y regresando al cruce no señalizado, donde seguiremos recto hasta la ya cercana población, a la que llegamos en poco menos de una hora.

Ruinas en el Castillo de Montearagón
Sencilla ruta de 12’5 kilómetros de distancia y un desnivel positivo acumulado de 350 metros realizada en 6 horas, de las cuales 2 han sido estando parados. Recomendable llevar linterna para poder ver por dentro las cuevas. Por lo soleado del camino, evitar en época estival.


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