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miércoles, 7 de febrero de 2018

Circular por la Solana: Puyuelo, Cámpol, San Felices y Villamana

Uno de los rincones de Cámpol
Nos volvemos a adentrar en el valle de la Solana para realizar una circular por los despoblados de Puyuelo, Cámpol, San Felices y Villamana.

Como todo el valle, estos núcleos fueron deshabitados en la década de los 60 con motivo de una política de repoblación de pinos que evitara la colmatación del proyectado embalse de Jánovas que, afortunadamente, nunca llegó a construirse.

Borda en Puyuelo
Desde Fiscal seguimos la carretera hacia Aínsa unos 10 kilómetros hasta encontrarnos una explanada con un silo de sal (675 metros), a escasos metros del despoblado de Lavelilla.

Aquí comienza nuestro recorrido, que coincide con la ruta 11 de la Zona Zero conocida como la ruta de la Caparra, siguiendo las indicaciones hacia los núcleos de Puyuelo, Cámpol, San Martín de la Solana y Yeba.

Paseando por Puyuelo
Iniciamos esta andadura con un ambiente gélido por una pista forestal que entre campos, pinos y boj se adentra en el valle remontando el barranco de las Gargantas, que cruzaremos en un par de ocasiones. 

Desde nuestros primeros pasos ya son visibles San Martín, Puyuelo y Cámpol, así como Nabaín y las sierras de Galardón y Bolave.

Alguna chaminera aún resiste en Puyuelo
En el momento en el que cruzamos el barranco por segunda vez (715 metros), la pista da paso a un precioso camino de herradura que comienza a ascender con amplias lazadas entre pinos repoblados, aliagas y boj, mostrando a tramos su empedrado original.

Conforme nos acercamos a Puyuelo aparecen restos de muros de piedra y antiguos bancales a ambos lados del sendero hasta que, tras poco más de media hora de camino, alcanzamos su reducido caserío (850 metros).

Puyuelo. Iglesia de San Juan Bautista
Ubicado sobre una escarpada ladera, Puyuelo llegó a tener tres casas que se disponían en una única calle, en la que también se encontraba una pequeña herrería. 

Entre sus ruinas, un par de chamineras sobreviven al olvido y desafían al paso del tiempo, que poco a poco va engullendo con su espesa vegetación todo cuanto se pone en su camino.

Apartada del núcleo camino de Yeba, Cámpol y San Martín encontramos su ruinosa iglesia de San Juan Bautista (s. XVII-XVIII), de planta rectangular y una espadaña campanario, siendo ésto lo más destacado del templo.

Imponentes paredones desde el camino a Cámpol
Continuamos el recorrido siguiendo la senda por una zona de margas hasta adentrarnos en un pinar de repoblación que gana altura de forma cómoda rodeando el Tozal del Pueyo a media ladera sobre el barranco Lieso.

Al llegar a la collata Lieso (980 metros) nos iremos alejando de este barranco para regresar a la margen izquierda del barranco de las Gargantas, que hemos de cruzar para seguir por su vertiente opuesta.

Entrando en la única calle de Cámpol
Tras ello encontraremos un cruce direccional, en el que dejaremos a la derecha el camino hacia la colladeta de Yeba para continuar hacia Cámpol y San Martín.

Iremos contorneando los entrantes y salientes de esta nueva y solana ladera ganando altura entre pinos, robles y boj, alcanzando otro cruce en el que obviaremos el desvío hacia San Martín (975 metros).

Paseando por las entrañas de Cámpol
Tras dos horas de agradable paseo llegaremos al despoblado de Cámpol (1070 metros), al que entraremos por un antiguo camino rodeado de bancales y pinos, habiendo dejado atrás su pequeño cementerio.

Sus seis casas se distribuyen en una única y larga calle en la que también encontramos la escuela, a la que acudían los niños de los pueblos de San Felices, Puyuelo, Villamana y San Martín.

Cámpol. Iglesia de Santa Marina
Su edificio más interesante es la iglesia de Santa Marina (s. XVII) junto a su esconjuradero, convertido en almacén, desde donde disfrutaremos de unas bonitas vistas de la ribera de Fiscal oteando JánovasSan Felices de AraAlbellaPlanillo y la Peña Canciás.

También son visibles los despoblados de Lavelilla, Puyuelo, San Felices de la Solana, San Martín, Ginuábel, Gere, Castellar y Burgasé, así como la sierra Coronas.

Antigua escuela de Cámpol
Su facilidad de acceso, siguiendo la carretera-pista que asciende a San Martín, ha favorecido la rehabilitación de algunas de sus casas y bordas, haciendo que este núcleo se vaya recuperando del abandono sufrido desde 1965.

Por detrás del viejo transformador encontraremos unos hitos que descienden por terrazas abancaladas hasta alcanzar una pista (965 metros) que, en dirección N, nos conduce a San Felices de la Solana.

Gere, Burgasé y San Felices de la Solana desde Cámpol
El ancho firme de tierra llanea hasta cruzar el barranco de la Espuña por un puente (940 metros), momento en el que comienza a ascender de forma cómoda hasta el pequeño caserío de San Felices (1020 metros), que alcanzamos en media hora desde Cámpol.

Unos 300 metros antes de llegar al mismo nos encontraremos con su iglesia románica de San Mamés, cuyo ábside semicircular fue sustituido en el siglo XVI por otro rectangular sobre el que se edificó la torre.

San Felices de la Solana. Iglesia románica de San Mamés
Antiguamente tenía un crismón trinitario que, en los años 90, fue trasladado a la cercana iglesia de Planillo.

Tres casas dispuestas en una única calle forman un núcleo con interesantes muestras de arquitectura popular en el que destacan bonitas chamineras y puertas doveladas. En la actualidad, San Felices está ocupado por un grupo de neorrurales que dan vida a un pueblo que estaba destinado al olvido.

Entrada al caserío de San Felices de la Solana
Nuestro siguiente y último objetivo es visitar el despoblado de Villamana. Para ello, hemos de desandar la pista hasta el punto donde la habíamos cogido, situado metros antes de que se junte con la carretera de acceso a Cámpol.

Estaremos atentos a unos hitos que salen de la pista por la derecha y descienden, acortando el trazado de la carretera, por un antiguo camino entre muros de piedra y pinos repoblados hasta toparnos con el firme rodado a la altura del desvío a San Martín de la Solana (910 metros).

Única calle de San Felices de la Solana
Apenas caminaremos por el asfalto puesto que los hitos lo siguen evitando, atajando por antiguas fajas de cultivo invadidas por los pinos hasta que, minutos después, volvamos a enlazar con la carretera (900 metros).

Continuaremos por ella unos 700 metros hasta llegar a una curva cerrada a la derecha, en la que encontraremos una pequeña senda sin señalizar, junto a un poste de alta tensión, que nos adentra en el pinar repoblado y nos dirige a Villamana (855 metros), al que llegamos en una hora desde San Felices.

Caserío de San Martín de la Solana
Fue el núcleo más pequeño del valle y estuvo compuesto por sólo dos casas que cerraron sus puertas de forma definitiva en 1964. 

Su bello camino de entrada delimitado por perfectos muros nos acerca a la ruinosa iglesia románica de San Pedro, en la que destaca un agrietado crismón trinitario tallado en su puerta y su ábside semicircular, cuyas pinturas se conservan en el Museo Diocesano de Barbastro

La bella entrada de Villamana
Otra construcción que sorprende por sus dimensiones es el secadero, robusto edificio de dos plantas muy importante en su época en el que destacan sus grandes vanos y arcos de medio punto.

Frente al secadero veremos unos hitos que, entre bancales y lazadas, nos conducen de nuevo a la carretera (790 metros). Pasaremos junto a un abrevadero y el buzón postal de Yeba antes de llegar a la carretera nacional Fiscal-Boltaña.

Villamana. Iglesia románica de San Pedro
Caminando los últimos metros por el arcén en dirección E llegaremos al silo de sal, donde daremos por finalizada esta interesante circular por este olvidado valle.

Ruta circular de 16 kilómetros con un desnivel positivo acumulado de 550 metros realizada en 4 horas y media sin contar paradas.

Track de Wikiloc aquí.

El espectacular secadero-pajar de Villamana
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jueves, 26 de octubre de 2017

Circular por el valle de la Solana: Tricás, Ginuábel y Muro

Otoño en Muro de Solana
De nuevo regresamos a la soledad del valle de la Solana para realizar una circular uniendo los despoblados de Tricás, Ginuábel y Muro de Solana.

Estos tres núcleos fueron expropiados para la repoblación de pinos que evitaran la erosión de la ladera y la posible colmatación del proyectado embalse de Jánovas que, afortunadamente, nunca se llegó a construir.

Las gentes de estos pueblos, como las del resto del valle, se vieron forzadas a vender sus casas al Patrimonio Forestal del Estado aceptando el poco dinero que les daban por ellas para invertirlo en busca de una mejor calidad de vida en lugares más desarrollados y con mejor futuro.

Ascendiendo hacia Tricás
Desde Fiscal cogemos dirección Aínsa hasta llegar al desvío de Ligüerre de Ara (730 metros), donde aparcamos en una explanada junto a un panel informativo de rutas que podemos realizar por la zona.

Comenzamos a caminar por el arcén de la carretera hacia Aínsa durante 2 kilómetros, dejando los pueblos de Javierre y Santa Olaria a la izquierda. Hemos de extremar la precaución por el tráfico y la estrechez de la calzada. 

El engullido despoblado de Tricás
En 20 minutos enlazaremos con una pista a la izquierda (705 metros) que nos adentra en el valle de la Solana, encontrando en su inicio información sobre varias rutas de BTT de la Zona Zero.

La pista comienza a ganar altura de forma cómoda entre robles, carrascas y boj. Pasaremos por una cantera en activo y seguiremos la margen derecha del barranco de Yasa hasta cruzarlo por un pequeño puente (875 metros).

Rodeados de un extenso pinar de repoblación la pista va aumentando la pendiente para, tras poco más de una hora de camino, llegar a una bifurcación sin señalizar (945 metros) en la que dejaremos por momentos la pista principal para seguir por la derecha hacia Tricás.

Tricás. Iglesia de Santa Águeda y Santa Inés
Metros antes de llegar al mismo, bajo el Tozal d’a Basa, seguiremos por la derecha en otro cruce de pistas sin señalizar (975 metros).

Escondido entre pinos repoblados se alza lo poco que queda en pie en Tricás (960 metros). Fue uno de los pueblos más pequeños del valle de la Solana. En el siglo XX mantuvo 6 casas abiertas y quedó deshabitado a finales de la década de los 50.

Su edificio más destacado es la iglesia de Santa Águeda y Santa Inés (s. XVI) que, como todo el núcleo, se encuentra engullido por la maleza y en estado ruinoso esperando su triste final.

Tricás. Trasera de la iglesia de Santa Águeda y Santa Inés
Tras la visita regresaremos a la pista principal para continuar nuestro recorrido. En la ladera opuesta podemos intuir el despoblado de Ginuábel, que será nuestra siguiente parada.

La pista asciende con amplias lazadas atravesando antiguos bancales de cultivo, hoy llenos de pinos de repoblación, bien delimitados por restos de muros de piedra.

Las carrascas y los robles irán apareciendo antes de llegar a un poste de madera que indica el descenso hacia Lacort (1090 metros), el cual obviaremos para continuar la pista en dirección a Muro y la ermita de Santiago.

Despoblado de Tricás
A nuestra derecha comenzaremos a ver el barranco de las Guargas y los núcleos de Giral, Castellar, Semolué, Campol, San Felices y San Martín de la Solana, así como Nabaín, la Peña Montañesa y la sierra de Bolave.

Tras 2 horas y media de camino llegaremos a un collado donde encontraremos una bifurcación (1195 metros), en la que seguiremos las placas de BTT que cogen la pista de la izquierda. La pista de la derecha se dirige al despoblado de Cajol.

Ginuábel. Casa Agustina e iglesia de Santiago
Nuestra pista vuelve a cruzar el barranco de Yasa (1210 metros) para cambiar de vertiente y dirigirse a Ginuábel entre pinos de repoblación. 

Dejaremos atrás una barrera antes de llegar a un nuevo cruce de pistas (1225 metros), en el que continuaremos por la izquierda dejando la pista principal a la derecha.

En 20 minutos desde el collado llegaremos a Ginuábel (1170 metros), donde encontramos calles engullidas por la maleza, alguna borda restaurada y trabajadas huertas. No vimos a nadie pero todo hace indicar que está habitado.

Ginuábel. Casa Castillo, abrazada por la maleza
Su caserío se halla semioculto entre una densa masa forestal y, debido a su complicada orografía, se cultivaba a base de terrazas, fajas y bancales para aprovechar al máximo el terreno.

Ginuábel tuvo 8 casas abiertas el pasado siglo y también escuela, a la que acudían los niños del pueblo y los del cercano Muro de Solana.

A pesar de llegar la luz eléctrica en 1945 procedente del molino de Jánovas, el pueblo se quedó completamente vacío en 1963 cuando Casa Périz cerró definitivamente sus puertas.

Caserío y huertas de Ginuábel
En su plaza destaca la iglesia parroquial de Santiago (s. XVI), en cuyo interior podemos observar restos de pinturas murales en las paredes y en la cúpula. 

Junto a la misma se alza Casa Agustina (s. XIX), levantada a partir de una antigua torre defensiva del s. XVII, con una chaminera que aún resiste el paso del tiempo. 

A escasos metros se encuentran el pozo y la fuente, que no era potable y era utilizada para los animales. Las gentes del pueblo se abastecían de numerosas fuentes cercanas.

Eras y bordas de Casa Dueso, en la parte alta de Muro
Una vez visitado Ginuábel hemos de regresar de nuevo a la pista principal para continuar el camino hacia Muro de la Solana. 

En otro cruce, dejaremos una pista a la derecha (1250 metros) que se dirige a la ermita de Santiago y pasaremos junto a un abandonado Land Rover (1275 metros).

Disfrutaremos de amplias vistas hacia el Congosto de Jánovas y Nabaín con la sierra de Campanué al fondo. Con vista, también divisaremos los Sestrales, Cotiella, Punta Lierga y parte del sector de Ordesa.

Muro de Solana. Iglesia de Santa María
Poco a poco iremos volviendo a la vertiente del Ara oteando la ribera de Fiscal, mientras que el boj vuelve a aparecer entre la predominancia del pino.

Distinguimos Jánovas, Albella y su ermita de San Úrbez, Planillo, San Felices y Ligüerre de Ara, Borrastre, San Juste, Fiscal, la Peña Canciás y las sierras de Galardón y Berroy.

También veremos, estratégicamente situado en lo alto de un cerro y dominando el valle del Ara, el despoblado de Muro de Solana al que llegaremos en una hora desde Ginuábel. 

Muro de Solana. Chaminera con la sierra Coronas de fondo
Encontraremos un camino que nos acerca hasta sus casas (1190 metros), dejando de forma definitiva la pista principal en dirección a Sasé.

Muro fue deshabitado a principios de los 60 y tuvo sólo 4 casas que se disponían en una única calle, la de San Pedro. Paseando por ella encontramos numerosos dinteles, pasadizos de piedra y alguna chaminera resistiendo. 

La luz, procedente de Fiscal, les llegó antes de la Guerra Civil y la fuente más cercana se encontraba en el camino de Sasé a unos 20 minutos del pueblo, adonde acudían a lavar la ropa.

Muro de Solana. Calle de San Pedro y Casa Matías
Destaca la iglesia románica de Santa María (s. XIII), en cuyo dintel de entrada está inscrito el año 1789 y a cuya torre se adosa un edificio de dos plantas que se utilizó como herrería (inferior) y como escuela a final del siglo XIX y principio del XX (superior).

Desde su zona más elevada veremos el despoblado de Sasé en la ladera opuesta del barranco de Llardó y la sierra Coronas con su techo Suerio

Desde Muro iniciaremos el regreso por un bello camino de herradura que, inicialmente entre muros, irá perdiendo metros por medio de lazadas hacia el barranco de Llardó o de Santiago, pasando junto a una borda. 

Borda en el camino próximo a la carretera
En menos de una hora desde Muro y entre boj, carrasca y pino alcanzaremos de nuevo la carretera (745 metros), que seguiremos en dirección a Aínsa hasta llegar al desvío de Ligüerre de Ara, donde habíamos dejado el coche.

Ruta circular de 18 kilómetros de distancia con un desnivel positivo acumulado de 750 metros realizada en poco menos de 5 horas sin contar paradas.

Ribera de Fiscal y Ligüerre de Ara
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jueves, 20 de octubre de 2016

Ascensión a Nabaín o Santa Marina (1796 metros)

La atalaya de Ascaso
A pesar de su modesta altura, el pico Nabaín o Santa Marina (1796 metros) es un mirador espectacular del Pirineo. Otra de esas cumbres que, sin exigirnos demasiado esfuerzo, nos ofrece buenas vistas allá donde mires.

En abril del año pasado ya estuvimos en su cima. En aquella ocasión hicimos una circular desde Ascaso siguiendo el PR-HU-185 hacia Morillo de Sampietro para coger un barranco seco y un inexistente sendero que discurre, de forma literal, por encima de un manto de erizones. Fue un incómodo ascenso poco recomendado si no se va con GPS.

Cortados hacia el valle del Ara (abril 2015)
Esta vez ascenderemos por la vía normal y descenderemos por el recientemente desbrozado Camino de Las Carboneras hasta el mirador de Jánovas, con el aliciente de conocer este nuevo sendero.

Para llegar hasta Ascaso hemos de tomar una pista forestal de 4 kilómetros, de los que sólo uno de ellos está asfaltado. Esta pista se toma desde la carretera Fiscal-Boltaña, unos 3 kilómetros antes de esta última localidad.

Alguno de los muchos fósiles que vemos
La pista se encuentra en buen estado y va ascendiendo con algunos zig-zags para salvar los más de 300 metros de desnivel que separan este pequeño pueblo del valle del Ara. Pasaremos por la casi desapercibida Pardina de Santa María (760 metros), donde encontramos un reloj de sol en una de las pocas paredes que aún resisten en pie.

La aldea de Ascaso se encuentra en lo alto de una loma montañosa, dominando desde su posición la ribera del Ara. Sus seis casas, algunas rehabilitadas, se disponen en una única calle y son un referente de arquitectura tradicional pirenaica. 

Valle del Ara. Boltaña, Aínsa y Guaso (abril 2015)
El pueblo es conocido por su famoso reloj de sol, ubicado en la pared sur de la vieja herrería, junto al lavadero y la pequeña plaza que da acceso al pueblo. 

Cuando me relumbre el sol acércate paso a paso, y sabrás la hora que es en esto reló de Ascaso”, podemos leer bajo sus pinturas al fresco. No es el único reloj, porque en la torre de la iglesia, encontramos otro mucho más sencillo sin pinturas que lo adornen.

Peña Montañesa  y macizo de Cotiella (abril 2015)
Hasta la década de los 90 no se construyó la pista forestal que hoy lo comunica con el valle, haciendo de éste un lugar aislado y tranquilo. Cada año desde 2012, en el mes de agosto se realiza aquí la Muestra de Cine Más Pequeña del Mundo

Metros antes de llegar a Ascaso, a mano izquierda, veremos una pista de acceso restringido que asciende una corta pendiente salvando antiguos bancales. Es en esta pista donde se inicia nuestro camino. Aparcaremos en los ensanches de la carretera antes de entrar al pueblo.

Treserols, Tres Marías y Añisclo (abril 2015)
Seguiremos la pista hacia a la izquierda pasando junto a unos panales para llegar a un prado vallado. Pocos metros después, encontraremos un hito de piedras (1050 metros), punto donde hemos de salirnos de la pista para comenzar a remontar sin tregua la piedra caliza siguiendo los abundantes hitos. Sin apenas vegetación, algún boj resiste anclado en las grietas de la roca.

Este tramo de piedra está plagado de fósiles, prueba de que el origen de estas rocas es marino. De vez en cuando conviene darnos la vuelta y ver las amplias vistas hacia la Peña Montañesa (2291 metros), el macizo de Cotiella y el valle del Ara con la inconfundible torre de la iglesia de San Salvador de Guaso al fondo.

La Solana, Yeba, Partacua, Tendeñera y Ordesa (abril 2015)
En poco más de media hora llegaremos a un característico montículo de piedra (1350 metros). Rebasado éste, los hitos van buscando los vertiginosos cortados de la sierra de Santa Marina, que se precipitan hacia el Congosto de Jánovas allí donde el Ara, el último río virgen del Pirineo, ha modelado pacientemente su curso por el desfiladero. 

Un desfiladero donde se tenía la intención de construir una presa que embalsara sus aguas. Afortunadamente, jamás se llevó a cabo este proyecto pero, desgraciadamente, supuso la expropiación forzosa de muchos pueblos próximos como Jánovas, Lavelilla y Lacort, entre otros muchos.

Ordesa. Mondarruego, Gallinero y Tobacor (abril 2015)
Este es el triste capítulo de la despoblación en el Sobrarbe. “Sobrabas país, sólo querían agua, montañas y electricidad”, un fragmento del tema “País Perdido” que la Ronda de Boltaña dedica a este cruel abandono.

Veremos un enorme pliegue en las rocas que forma la colina de Ferrera (1392 metros). Aquí, el Ara ha seccionado este pliegue de forma trasversal dejando al descubierto su estructura interna, formando el anticlinal de Boltaña.

Poco a poco, la roca va desapareciendo dando paso al boj y al erizón. En 20 minutos más, llegaremos al filo de la cresta (1460 metros). Buen momento para un breve descanso observando sus imponentes murallas y el vuelo de alguna rapaz.

Campol, San Felices de la Solana y Giral
A partir de aquí, el sendero cambia de dirección al norte y reduce su pendiente para dirigirse a la ya cercana cima de Nabaín.

Llegaremos al collado de Olavallo (1630 metros), donde dejaremos atrás el desvío hacia Jánovas, por el que regresaremos, y remontaremos cómodamente los últimos metros inmersos en la niebla y rodeados de un mar de erizones. Nos ha costado una hora y media desde Ascaso.

Ruinas de la ermita de Santa Marina (abril 2015)
Nabaín es el punto más alto del anticlinal de Boltaña. En su cima se encuentra la ermita de Santa Marina (s. XVI-XVIII), lamentablemente en ruinas al parecer por el impacto de un obús durante la Guerra Civil. Hasta aquí acudían en peregrinación muchos vecinos de los pueblos de La Solana

Desde aquí se divisa gran parte del Sobrarbe. Al oeste, bajo nuestros pies, el solitario valle de La Solana, afectado también por el proyecto del embalse de Jánovas. Con buena vista, aún podemos ver algunos de sus núcleos como Campol, San Felices, Gere, Burgasé, Giral, Castellar y San Martín de la Solana, donde se ubica un hotel. Al fondo, se observa la sierra de Coronas y su techo, el pico Suerio (1954 metros).

Camino de Las Carboneras
Más al norte se encuentra Ballibió, con los visibles pueblos de Buerba, Vió, Yeba y el despoblado de Ceresuelaéste último en la falda del pico Comiello (1890 metros), punto más alto de la sierra de Bolave.

El día no es el mejor para las cámaras, hay calima y está muy nuboso por el norte. A duras penas, podemos ver las paredes del Cañón de Añisclo, los Sestrales y el Mondoto (1962 metros), y el Castillo Mayor (2014 metros). 

Ni rastro de las Treserols ni de las Tres Marías. Tampoco de las sierras de la Partacua y Tendeñera. Una pena.

Asoma la Peña Montañesa
Al sur, la ribera del Ara y la conocida Peña Canciás (1928 metros), hasta el Tozal de Guara (2077 metros) ya en la distancia.

Al este, algo más visible, el macizo de Cotiella, las peñas Montañesa (2291 metros) y del Solano (1916 metros), Laspuña y Punta Lierga (2267 metros). Por detrás, el macizo del Posets, el Bachimala (3176 metros) y las puntas Suelza (2972 metros) y Fulsa (2865 metros) brillaban por su ausencia.

Anticlinal de Boltaña en el Congosto de Jánovas
Tras un buen rato de comida y descanso, iniciamos el camino de regreso. Poco a poco la calima va desapareciendo, dejando mejores luces conforme vamos descendiendo. En 15 minutos llegaremos collado de Olavallo, donde se encuentra el cruce hacia Jánovas y ahora sí que tomaremos esta dirección.

Este sendero se ha recuperado este año y es una perfecta alternativa para no volver por el mismo camino. Está balizado por la Zona Zero de Aínsa con algunas estacas de madera y con marcas de pintura. 

Anticlinal de Boltaña
Continuaremos rodeados de erizón bajo unas nubes que dejaban entrar mínimamente los rayos del sol, disfrutando de los acantilados de esta sierra desde otra perspectiva.

Los pliegues de la colina de Ferrera y el Congosto de Jánovas centran toda nuestra atención. Los pueblos de Ascaso, Boltaña, Aínsa, Coscojuela de Sobrarbe, Guaso, Silves, Jánovas, Albella, Planillo, San Felices de Ara y el embalse de Mediano se localizan perfectamente. 

Ascaso. Iglesia de San Julián y su reloj de sol
Las vistas se reducen al adentrarnos en un bosque orientado al sur donde predomina el boj, el pino y la carrasca (1370 metros). El sendero, perfectamente limpio y señalizado, desciende hasta encontrarse, tras poco más de una hora de bajada, con una variante que asciende a Nabaín por las fajas (1150 metros).

Seguiremos descendiendo por el camino de Las Carboneras sin sobresaltos hasta el Congosto de Jánovas donde enlazaremos con la carretera (710 metros – una hora), por la que recorreremos los últimos 500 metros hasta la entrada a Jánovas. Extremar la precaución en este tramo, la carretera es estrecha, tiene curvas cerradas sin visibilidad y apenas hay arcén.

Reloj de sol de Ascaso
Recomendable un paseo por el pueblo pasando por su puente colgante. Su pasado es una triste historia que cambió la vida de sus habitantes, los mismos que hoy siguen luchando por volver a recuperar lo que les pertenece.

Algunos de ellos intentan reconstruir el pueblo y han comenzado por la escuela y la fuente. Esperamos que se siga haciendo justicia para que Jánovas vuelva a sus orígenes.

Si visitas Ascaso en verano, un buen lugar de baño son sus cercanas pozas, donde el agua ha excavado en la roca caliza una sucesión de 30 pequeñas pozas donde podremos refrescarnos. Basta con seguir el PR-HU-185 hacia Morillo de Sampietro unos 15 minutos hasta llegar a un puente de piedra donde se ubican estos saltos de agua.

Calle única de Ascaso
Ruta de 9 kilómetros de distancia con un desnivel positivo de 820 metros y negativo de 1120 metros realizada en 3 horas y 45 minutos sin contar paradas. Una hora y media de ascenso y 2 horas y cuarto de descenso sin contar paradas. Es necesaria una combinación de vehículos, dejando uno en Ascaso y otro en Jánovas.

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