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miércoles, 7 de febrero de 2018

Circular por la Solana: Puyuelo, Cámpol, San Felices y Villamana

Uno de los rincones de Cámpol
Nos volvemos a adentrar en el valle de la Solana para realizar una circular por los despoblados de Puyuelo, Cámpol, San Felices y Villamana.

Como todo el valle, estos núcleos fueron deshabitados en la década de los 60 con motivo de una política de repoblación de pinos que evitara la colmatación del proyectado embalse de Jánovas que, afortunadamente, nunca llegó a construirse.

Borda en Puyuelo
Desde Fiscal seguimos la carretera hacia Aínsa unos 10 kilómetros hasta encontrarnos una explanada con un silo de sal (675 metros), a escasos metros del despoblado de Lavelilla.

Aquí comienza nuestro recorrido, que coincide con la ruta 11 de la Zona Zero conocida como la ruta de la Caparra, siguiendo las indicaciones hacia los núcleos de Puyuelo, Cámpol, San Martín de la Solana y Yeba.

Paseando por Puyuelo
Iniciamos esta andadura con un ambiente gélido por una pista forestal que entre campos, pinos y boj se adentra en el valle remontando el barranco de las Gargantas, que cruzaremos en un par de ocasiones. 

Desde nuestros primeros pasos ya son visibles San Martín, Puyuelo y Cámpol, así como Nabaín y las sierras de Galardón y Bolave.

Alguna chaminera aún resiste en Puyuelo
En el momento en el que cruzamos el barranco por segunda vez (715 metros), la pista da paso a un precioso camino de herradura que comienza a ascender con amplias lazadas entre pinos repoblados, aliagas y boj, mostrando a tramos su empedrado original.

Conforme nos acercamos a Puyuelo aparecen restos de muros de piedra y antiguos bancales a ambos lados del sendero hasta que, tras poco más de media hora de camino, alcanzamos su reducido caserío (850 metros).

Puyuelo. Iglesia de San Juan Bautista
Ubicado sobre una escarpada ladera, Puyuelo llegó a tener tres casas que se disponían en una única calle, en la que también se encontraba una pequeña herrería. 

Entre sus ruinas, un par de chamineras sobreviven al olvido y desafían al paso del tiempo, que poco a poco va engullendo con su espesa vegetación todo cuanto se pone en su camino.

Apartada del núcleo camino de Yeba, Cámpol y San Martín encontramos su ruinosa iglesia de San Juan Bautista (s. XVII-XVIII), de planta rectangular y una espadaña campanario, siendo ésto lo más destacado del templo.

Imponentes paredones desde el camino a Cámpol
Continuamos el recorrido siguiendo la senda por una zona de margas hasta adentrarnos en un pinar de repoblación que gana altura de forma cómoda rodeando el Tozal del Pueyo a media ladera sobre el barranco Lieso.

Al llegar a la collata Lieso (980 metros) nos iremos alejando de este barranco para regresar a la margen izquierda del barranco de las Gargantas, que hemos de cruzar para seguir por su vertiente opuesta.

Entrando en la única calle de Cámpol
Tras ello encontraremos un cruce direccional, en el que dejaremos a la derecha el camino hacia la colladeta de Yeba para continuar hacia Cámpol y San Martín.

Iremos contorneando los entrantes y salientes de esta nueva y solana ladera ganando altura entre pinos, robles y boj, alcanzando otro cruce en el que obviaremos el desvío hacia San Martín (975 metros).

Paseando por las entrañas de Cámpol
Tras dos horas de agradable paseo llegaremos al despoblado de Cámpol (1070 metros), al que entraremos por un antiguo camino rodeado de bancales y pinos, habiendo dejado atrás su pequeño cementerio.

Sus seis casas se distribuyen en una única y larga calle en la que también encontramos la escuela, a la que acudían los niños de los pueblos de San Felices, Puyuelo, Villamana y San Martín.

Cámpol. Iglesia de Santa Marina
Su edificio más interesante es la iglesia de Santa Marina (s. XVII) junto a su esconjuradero, convertido en almacén, desde donde disfrutaremos de unas bonitas vistas de la ribera de Fiscal oteando JánovasSan Felices de AraAlbellaPlanillo y la Peña Canciás.

También son visibles los despoblados de Lavelilla, Puyuelo, San Felices de la Solana, San Martín, Ginuábel, Gere, Castellar y Burgasé, así como la sierra Coronas.

Antigua escuela de Cámpol
Su facilidad de acceso, siguiendo la carretera-pista que asciende a San Martín, ha favorecido la rehabilitación de algunas de sus casas y bordas, haciendo que este núcleo se vaya recuperando del abandono sufrido desde 1965.

Por detrás del viejo transformador encontraremos unos hitos que descienden por terrazas abancaladas hasta alcanzar una pista (965 metros) que, en dirección N, nos conduce a San Felices de la Solana.

Gere, Burgasé y San Felices de la Solana desde Cámpol
El ancho firme de tierra llanea hasta cruzar el barranco de la Espuña por un puente (940 metros), momento en el que comienza a ascender de forma cómoda hasta el pequeño caserío de San Felices (1020 metros), que alcanzamos en media hora desde Cámpol.

Unos 300 metros antes de llegar al mismo nos encontraremos con su iglesia románica de San Mamés, cuyo ábside semicircular fue sustituido en el siglo XVI por otro rectangular sobre el que se edificó la torre.

San Felices de la Solana. Iglesia románica de San Mamés
Antiguamente tenía un crismón trinitario que, en los años 90, fue trasladado a la cercana iglesia de Planillo.

Tres casas dispuestas en una única calle forman un núcleo con interesantes muestras de arquitectura popular en el que destacan bonitas chamineras y puertas doveladas. En la actualidad, San Felices está ocupado por un grupo de neorrurales que dan vida a un pueblo que estaba destinado al olvido.

Entrada al caserío de San Felices de la Solana
Nuestro siguiente y último objetivo es visitar el despoblado de Villamana. Para ello, hemos de desandar la pista hasta el punto donde la habíamos cogido, situado metros antes de que se junte con la carretera de acceso a Cámpol.

Estaremos atentos a unos hitos que salen de la pista por la derecha y descienden, acortando el trazado de la carretera, por un antiguo camino entre muros de piedra y pinos repoblados hasta toparnos con el firme rodado a la altura del desvío a San Martín de la Solana (910 metros).

Única calle de San Felices de la Solana
Apenas caminaremos por el asfalto puesto que los hitos lo siguen evitando, atajando por antiguas fajas de cultivo invadidas por los pinos hasta que, minutos después, volvamos a enlazar con la carretera (900 metros).

Continuaremos por ella unos 700 metros hasta llegar a una curva cerrada a la derecha, en la que encontraremos una pequeña senda sin señalizar, junto a un poste de alta tensión, que nos adentra en el pinar repoblado y nos dirige a Villamana (855 metros), al que llegamos en una hora desde San Felices.

Caserío de San Martín de la Solana
Fue el núcleo más pequeño del valle y estuvo compuesto por sólo dos casas que cerraron sus puertas de forma definitiva en 1964. 

Su bello camino de entrada delimitado por perfectos muros nos acerca a la ruinosa iglesia románica de San Pedro, en la que destaca un agrietado crismón trinitario tallado en su puerta y su ábside semicircular, cuyas pinturas se conservan en el Museo Diocesano de Barbastro

La bella entrada de Villamana
Otra construcción que sorprende por sus dimensiones es el secadero, robusto edificio de dos plantas muy importante en su época en el que destacan sus grandes vanos y arcos de medio punto.

Frente al secadero veremos unos hitos que, entre bancales y lazadas, nos conducen de nuevo a la carretera (790 metros). Pasaremos junto a un abrevadero y el buzón postal de Yeba antes de llegar a la carretera nacional Fiscal-Boltaña.

Villamana. Iglesia románica de San Pedro
Caminando los últimos metros por el arcén en dirección E llegaremos al silo de sal, donde daremos por finalizada esta interesante circular por este olvidado valle.

Ruta circular de 16 kilómetros con un desnivel positivo acumulado de 550 metros realizada en 4 horas y media sin contar paradas.

Track de Wikiloc aquí.

El espectacular secadero-pajar de Villamana
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jueves, 7 de diciembre de 2017

Ayerbe de Broto e Iglesieta de los Moros desde Bergua

Ayerbe de Broto. Iglesia y Casa O Yerno
Misión cumplida. Ayerbe de Broto era el único núcleo que nos quedaba por conocer de esta desprotegida tierra llamada Sobrepuerto

Con este recorrido cerramos el círculo comenzado hace más de 3 años con la visita a Ainielle inspirados por la novela “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares. Han sido 9 rutas conociendo sus picos y sus despoblados y contagiándonos de la esencia de este solitario rincón pirenaico.

Iglesieta de los Moros
Una esencia de sentimientos encontrados, donde contrasta la afluencia de gentes que antaño tuvieron sus senderos con el profundo silencio y soledad que sentimos hoy al recorrerlos.

Una vez más nos desplazamos hasta Bergua y aparcamos a la entrada del pueblo (1060 metros). Ya caminando descendemos hasta su caserío (1030 metros), donde ya humean varias chamineras. Las noches ya son frías y el sol apenas calienta en esta sombría ladera orientada al norte.

Borda de camino a Ayerbe de Broto
Pasamos junto a la maltrecha iglesia de la Asunción (s. XV) y siguiendo su calle baja buscaremos el PR-HU-117 que, entre musgo y boj, desciende hasta la confluencia de los barrancos de La Pera y Otal (930 metros) dando lugar al barranco Forcos, afluente del Ara.

Ambos barrancos son salvados por pasarelas metálicas, a las que llegamos en 20 minutos. Tras cruzar la primera sobre el barranco de La Pera dejaremos a la izquierda el PR-HU-3 que asciende hacia Basarán.

Valle de Broto y río Ara
Cruzando la segunda por encima del barranco de Otal dejaremos también a la izquierda el camino que remonta sus aguas hacia Escartín y Otal, siguiendo nosotros hacia Ayerbe de Broto y la Iglesieta de los Moros.

Hemos pasado a la solana ladera sur y ya notamos la diferencia de temperatura con respecto a la vertiente norte donde asienta Bergua. En unos minutos daremos con una bifurcación (955 metros) en la que tomaremos el sendero hacia la Iglesieta de los Moros.

Treserols desde el cruce con la pista
Comenzaremos a ascender disfrutando del colorido otoñal pegados a varios esbeltos muros de piedra que delimitan antiguos campos de labor. En la ladera opuesta divisamos Bergua rodeado de un denso arbolado.

La vegetación es una de las más exuberantes de la zona, con bosques autóctonos gobernados por robledales y hayedos y un sotobosque dominado por el boj.

Senderos tradicionales llenos de magia
Casi sin darnos cuenta habremos llegado a la Iglesieta de los Moros (1075 metros) tras 50 minutos de camino. 

En una pequeña cavidad junto al barranco de Peña Blanca se hallan los restos de este eremitorio con posibles orígenes altomedievales. 

Para su construcción se aprovechó una oquedad rocosa, levantando solamente un muro de cierre que da acceso al reducido espacio interior.

Ayerbe de Broto con Manchoya al fondo
La arraigada tradición eremítica de la zona quizá provenga del desaparecido monasterio medieval de San Pedro de Rava (s. X), lugar de retiro espiritual situado en la confluencia del barranco Forcos con el río Ara.

La ermita configura un sorprendente balcón natural, desde donde disfrutaremos de espectaculares vistas hacia Bergua, Asín de Broto y la sierra Coronas.

Callejeando por Ayerbe de Broto
Retrocedemos sobre nuestros pasos hasta retomar el PR-HU-117 hacia Ayerbe de Broto. Con un cómodo llaneo cruzaremos el barranco de Peña Blanca y llegaremos, tras hora y media de camino, a un importante cruce (940 metros).

Aquí dejaremos a la derecha un sendero que se dirige a Bergua cruzando el Forcos, camino que tomaremos a la vuelta para regresar al punto de inicio.

A partir de este momento el sendero gana altura suavemente pasando junto a una borda en ruinas (990 metros) observando las coloridas laderas del valle de Broto y el curso del Ara, la ribera de Fiscal, la Peña Canciás y la sierra de Berroy.

Casa O Yerno, la última en cerrar sus puertas
Entre el oro de los robles nos rodearemos de muros de piedra para, en poco más de media hora desde el cruce anterior, conectar con la pista que asciende a Ayerbe de Broto desde el núcleo de Oto por la margen derecha del Ara (1060 metros). 

Desde esta posición contemplamos las Treserols, la Punta de las Olas, las Tres Marías, sierra Custodia, el Pueyo Ballarín y el caserío de Ayerbe de Broto, ubicado en la falda sur de Gábalo y Manchoya

Una de las casas de Ayerbe de Broto
Seguiremos la pista cruzando el barranco de San Pedro (1070 metros) y pasando por una fuente para, escasos metros después, seguir el PR que asciende acortando la pista (1085 metros) por un camino tradicional que discurre entre bancales y muros espaldados.

Y tras poco más de dos horas y media desde Bergua habremos llegado a Ayerbe de Broto (1185 metros). 

Este núcleo que llegó a tener 16 casas abiertas más la casa del maestro en el s. XIX  y actualmente es propiedad de un ganadero del valle que está rehabilitando varias casas.

Sierra Coronas y Asín de Broto
Quedó deshabitado en 1973 cuando Casa O Yerno cerró definitivamente sus puertas. Junto a ella se encuentra la ruinosa iglesia de la Natividad de la Virgen, construida en 1799.

Paseando por su única calle observamos varias bordas en aceptable estado y bonitos dinteles y chamineras que resisten el paso del tiempo, así como una vieja aventadora en la parte alta del pueblo.

Detalles murales en el interior de la iglesia
El regreso se realiza por el mismo camino disfrutando de la cálida luz vespertina y de los últimos coletazos otoñales.

Llegados al mencionado desvío a Bergua (940 metros), señalizado con un pequeño cartel de madera, dejaremos el PR para descender hasta el cauce del barranco Forcos (885 metros).

Aquí tenemos la posibilidad de seguir por el sendero que asciende hacia Bergua o remontar el curso el barranco descubriendo los idílicos rincones y pozas cristalinas que esconde.

Barranco Forcos
Elegimos esta segunda opción y, cambiando varias veces de margen para buscar el mejor avance, iremos remontándolo hasta llegar a las pasarelas de los barrancos de La Pera y Otal, donde volveremos a tomar el PR-HU-117 que nos devolverá a Bergua.

Ruta parte lineal y parte circular de 13 kilómetros de distancia con un desnivel positivo acumulado de unos 600 metros realizada en 5 horas sin contar paradas.

Idílico rincón del Forcos
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jueves, 12 de enero de 2017

Circular por Sasa, Cortillas y Cillas

Cillas desde el vecino Cortillas
Regresamos a nuestro querido Sobrepuerto para unir en una sencilla e interesante ruta circular los despoblados de Sasa, Cortillas y Cillas.

Para ello, nos dirigimos a Bergua (1030 metros), el único núcleo habitado de esta zona, por una carretera de 7 kilómetros en mal estado que se coge en Fiscal. Aquí también comenzamos nuestra visita a los despoblados de Escartín y Basarán.

Ambiente frío en Bergua
Aparcamos en la entrada de su caserío y, sin descender al mismo, seguiremos por la carretera. En las zonas umbrías se acumula la escarcha. Apenas entra el sol en esta ladera orientada al norte. El ambiente gélido de Bergua contrasta con la cálida luz existente en la solana ladera del otro lado del barranco Forcos.

En pocos metros, la carretera se convierte en una cómoda pista, por la que caminaremos algo menos de 4 kilómetros. En 15 minutos, llegaremos a una bifurcación sin señalizar donde tomaremos la pista de la derecha (1080 metros).

Treserols, Punta de las Olas y Tres Marías desde Sasa
Minutos más tarde, enlazaremos con el PR-HU-3 en dirección Sasa, dejando a la derecha el camino hacia Cillas y Cortillas (1095 metros). Este camino cruzará el barranco de La Pera por una pasarela que se encuentra en un pésimo estado, por lo que optamos por obviar este itinerario y continuar hacia Sasa.

A partir de ahora, seguiremos las marcas amarillas y blancas del PR pasando por debajo de un tendido eléctrico, ya con visión directa de este despoblado. Cruzaremos el barranco Oscuro (1105 metros) y nos adentraremos en una zona de pinar.

Casa Ramón de Sasa
Tras una hora de camino, cruzaremos el barranco de La Lata (1145 metros), donde dejaremos la pista para buscar el marcado sendero que entre boj, pinos y avellanos asciende de forma más directa a Sasa.

Al irnos acercando al pueblo van apareciendo antiguos bancales, un camino bien empedrado y trabajados muros de piedra donde el musgo crece sin control. Tras poco menos de hora y media habremos llegado a Sasa de Sobrepuerto (1240 metros).

Casa Mingué de Sasa
Bajo la sombra de un gran roble encontramos una improvisada mesa y unas piedras, donde tomamos un descanso antes de visitarlo. Veremos indicaciones hacia la Pardina Fenés y la ermita de San Marcos, Cortillas y Santa Orosia.

Desde aquí, la vista se abre hacia Ordesa apareciendo las Treserols y las Tres Marías separadas por el collado de Añisclo, así como los picos de Marboré, Tobacor (2779 metros), Mondicieto (2384 metros), la Punta de las Olas (3002 metros) y La Suca (2802 metros). También el cordal de Gábalo (1958 metros), Manchoya (2033 metros) y Pelopín (2005 metros) y la sierra Coronas.

Sasa de Sobrepuerto
Sasa fue el núcleo más pequeño de Sobrepuerto, quedando despoblado de forma definitiva en 1965.

La torre-campanario de su arruinada iglesia románica de la Ascensión del Señor (s. XI) se desplomó sobre el ábside, quedando el templo reducido a irreconocibles escombros.

Aquí no había fuente, por lo que cada casa tenía su propio pozo. Entre ellas, destacan dos sobre el resto. Casa Mingué, nacida a partir de una torre defensiva del siglo XVI, y la infanzona Casa Ramón, que parece estar en proceso de rehabilitación. Sorprende, además, el pórtico de Casa Lardiés que se resiste a aceptar su triste final. 

Camino a Cortillas por el barranco O Cumo
Entre extensas praderas y bajo la mirada del monte Oturia (1921 metros) saldremos de Sasa por el PR-HU-3 hacia Cortillas por un camino rodeado de muros que desciende a la margen derecha del barranco de La Valle, acompañados de nuevo por el tendido eléctrico. 

Metros antes de su desembocadura en este barranco, cruzaremos el barranco de Arriales por una pasarela de troncos (1140 metros). A continuación, haremos lo mismo con el barranco de La Valle, cruzando a su margen izquierda.

Aparece Cillas y su abancalada ladera
Comenzaremos a ascender por una soleada ladera dominada por el erizón y el boj, remontando la margen izquierda del barranco O Cumo siguiendo las marcas de PR entre antiguas fajas de cultivo. 

Este barranco separa los despoblados de Cortillas y Cillas y en sus dos márgenes encontramos muros de piedra y bancales que descendían de estos pueblos aprovechando al máximo la orografía del terreno.

Entrando a Cortillas
A cota de 1290 metros, cruzaremos este barranco y ascenderemos buscando el caserío de Cortillas (1385 metros), al que llegamos en una hora y cuarto desde Sasa. Desde él, podemos ver la abancalada ladera donde se asienta el vecino núcleo de Cillas, que visitaremos más tarde.

Cortillas fue uno de los pueblos más grandes de Sobrepuerto, llegando a tener ayuntamiento propio y escuela, hoy rehabilitada como refugio. Desde principios de la década de los 50 contó con suministro eléctrico, un lujo del que dispusieron sus habitantes hasta su definitiva despoblación a mediados de los 60.

Cortillas. Iglesia de los Santos Reyes
Sólo la rehabilitada Casa Isábal y algunas bordas se salvan de la ruina, el resto ha sucumbido al paso del tiempo. Destacar la torre-campanario de la iglesia parroquial de los Santos Reyes (s. XVII) que aún se mantiene en pie y el bonito empedrado de sus plazas. 

Otra construcción interesante es la ermita de la Virgen del Prado (s. XIX), construida en sustitución de un templo anterior. Se ubicaba junto al cementerio y hacía de capilla, aunque ya sólo quedan sus ruinas.

Casa Isábal de Cortillas
Desde el pueblo observamos, al sureste, la sierra de Berroy y Peña Canciás (1928 metros). Al noreste Manchoya, techo de Sobrepuerto, junto con Gábalo y Pelopín e, incluso, se llega a ver al norte, el pico Tendeñera (2845 metros). Al este, tímidamente aparece la sierra Coronas por detrás de Cillas y, al oeste, el Oturia.

Tras una pausada visita, continuaremos el camino hacia Cillas por el marcado PR-HU-3, que desciende entre muros hasta una fuente junto al barranco O Cumo (1350 metros) para ascender levemente hasta el despoblado de Cillas (1380 metros), al que llegamos en 15 minutos desde Cortillas.

Cortillas desde Cillas. Al fondo, el Oturia
Cillas es el peor conservado de los núcleos que hemos visitado en esta ruta. Lo que queda en pie de la torre-campanario de su iglesia parroquial de la Asunción (s. XVII) se encuentra en estado ruinoso y la pequeña ermita de San Vicente (s. XVI), que aún conserva íntegra su bóveda, se halla engullida por la maleza. 

Al igual que sus vecinos de Cortillas, tuvieron electricidad desde inicios de la década de los 50. Años más tarde fue vendido al Patrimonio Forestal del Estado, siendo gran parte de su término repoblado de pinos, quedando despoblado de forma definitiva en la década de los 60. 

Cillas. Iglesia de la Asunción
Siguiendo las marcas de PR saldremos del pueblo en dirección sur entre aliagas y zarzas por un vestido sendero entre maltrechas terrazas abancaladas y pinos repoblados. Las vistas hacia las Treserols y las Tres Marías y hacia el cordal de Gábalo y Manchoya nos amenizarán este tramo.

En unos minutos llegaremos a la ruinosa ermita de San Bartolomé (s. XII). Iremos descendiendo suavemente por ladera, entre boj y algún ejemplar de roble, con vistas hacia la planicie de Sasa, hacia las sierras de Berroy y Coronas y hacia Peña Canciás.

Recorriendo las ruinas de Cillas
Cruzaremos el barranco Arnitio y, poco después, llegaremos a una bifurcación (1245 metros), pudiendo regresar a Bergua por los dos senderos. El de la derecha desciende por el PR hasta el barranco de La Pera, que tendríamos que cruzar por la precaria pasarela que hemos comentado con anterioridad.

Dejaremos entonces el PR y seguiremos hacia a Bergua por el Solan d’Arrás por un bosque mixto donde conviven boj, erizón, robles y pinos, con los últimos rayos de sol acariciando la sierra Coronas y ya divisando el caserío de Bergua en la ladera de enfrente. 

Cillas. Ermita de San Vicente
Tras una hora y media desde Cillas enlazaremos con el PR-HU-3, en su ramal procedente de Basarán (980 metros), por el que continuaremos hacia las cercanas pozas de Bergua (930 metros), punto donde se unen los barrancos de Otal y de La Pera para formar el Forcos que, a su vez, se unirá al río Ara a la altura de Asín de Broto.

Cruzaremos las pasarelas y remontaremos los últimos metros hasta Bergua por un precioso bosque donde abunda el musgo, estando de vuelta en su casco urbano en dos horas desde Cillas.

Sasa desde el camino de Cillas a Bergua
Ruta circular de 15 kilómetros con un desnivel positivo acumulado de 650 metros realizada en poco menos de 5 horas sin contar paradas.

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miércoles, 4 de enero de 2017

Miradores de Ordesa y Punta Acuta (2242 metros)

Ordesa y sierra de Tendeñera desde Punta Acuta
Ya teníamos ganas de estrenar la temporada de raquetas de nieve. Y qué mejor forma de hacerlo que ascendiendo a uno de los mejores miradores del valle de Ordesa como es Punta Acuta (2242 metros).

Para ello, nos dirigimos a la localidad de Torla-Ordesa (1030 metros) que, en esta época del año nada tiene que ver con el verano. Ambiente frío con escarcha tras la helada nocturna y un pueblo casi desierto. 

Paredes de Mondarruego
Rebasamos la villa y aparcamos en la avenida principal, junto a un circuito de gimnasia al aire libre y una fuente (1015 metros). A mano derecha, una carretera desciende hacia el Camping Río Ara y cruza el Puente de la Glera (965 metros). 

Aquí encontramos las primeras indicaciones. Obviaremos el desvío a la pradera de Ordesa por el camino de Turieto y el GR-15.2 hacia el puente de los Navarros, tomando el sendero PR-HU-129 hacia la ermita de Santa Ana y los Miradores del Molar.

Primeros metros del PR por el interior del bosque
En escasos metros llegamos a la entrada del mencionado camping donde seguiremos las señales hacia Santa Ana. En este punto comienza una larga y monótona pista que asciende a la sierra de las Cutas donde tenemos dos opciones, ascender por ella o acortarla varias veces siguiendo el PR. Lógicamente, optamos por la segunda opción.

El sendero asciende con moderada pendiente entre boj, avellanos y algún muro de piedra tapizado de musgo, paralelo a la margen derecha del barranco de Diazas. Poco a poco el sol va encendiendo las paredes de Mondarruego (2847 metros). 

Ermita de Santa Ana
En poco más de media hora, el sendero enlaza por primera vez con la pista (1180 metros). Una barrera impide el paso a vehículos no autorizados. Esta es la pista que utilizan en época estival los servicios de taxi 4x4 para ascender a los Miradores de Ordesa

Esta es la tónica de la primera parte de ascenso, subida directa por el PR y enlaces con la pista. Así hasta 4 veces más hasta llegar a la pequeña ermita de Santa Ana y a los prados y bordas de Diazas (1465 metros), tras una hora y cuarto de camino.

Panorámica de Torla-Ordesa
Al sur vemos el valle de Broto, divisando el amplio cordal de Gábalo (1958 metros), Manchoya (2033 metros), Monchoa (1962 metros) y Pelopín (2005 metros), además del Erata (2003 metros) y del Serrato de Yosa. Incluso, con muy buena vista, se llega a ver la ermita de la Asunción de Oto.

Una corta parada para disfrutar de la bonita vista aérea de Torla-Ordesa y continuamos por el marcado PR-HU-129 hacia los Miradores del Molar, ahora ascendiendo por una despejada ladera donde abunda el erizón y el boj.

Prados y bordas de Diazas
Al noreste, ya podemos observar nuestro objetivo y, ligeramente al noroeste, vemos el cordal formado por el Tozal de Comas (2342 metros), Mondiniero (2295 metros) y Litro, así como el Tozal del Cebollar (1756 metros).

Más adelante, volveremos a enlazar por momentos con la pista para volver a tomar el sendero metros después (1680 metros). En este lugar hay una mesa de interpretación panorámica del valle, pero el dibujo ha desaparecido.

Zona de bonito pinar
Seguimos ascendiendo, ahora por el interior de un pinar, ya con visión de los pueblos del valle Torla-Ordesa, Broto, Oto y Fragén. Aparecen también el pico Otal (2701 metros) y la sierra de Tendeñera

Tras unos minutos, enlazaremos con la pista de forma definitiva (1860 metros), encontrándonos nieve de forma continua, aunque se camina bien sin raquetas siguiendo las huellas.

En la pista hacia los Miradores del Molar
Tras dos horas y media de camino llegaremos a los tres Miradores del Molar (1990 metros), ocultos bajo la nieve, desde donde la vista es fantástica. Podemos apreciar dos de las Treserols, el Cilindro (3325 metros) y Monte Perdido (3355 metros), y la gran proa de Diazas donde se ubican los miradores del Rey y de la Reina, por delante de Punta Acuta.

Desde el borde del precipicio observamos la entrada al valle de Bujaruelo y, frente a nosotros, el Mondarruego, el Tozal del Mallo (2254 metros), los circos de Carriata y Cotatuero, el Taillón (3144 metros), el Gabieto Oriental (3031 metros), el pico Blanco (2919 metros), el Gallinero (2752 metros), las fajas de Racón y de las Flores y las murallas de la Fraucata coronadas por el Tobacor (2779 metros).

Cilindro, Monte Perdido, Tobacor y Diazas
Regresaremos a la pista para continuar por ella una media hora, ya con las raquetas puestas, hasta la base de Punta Acuta (2050 metros). Siguiendo la huella abierta, decidimos ascender de forma directa a su redondeada cima por la cara oeste.

Un esfuerzo que merece la pena al caminar pegados a la cresta que cae al valle de Ordesa. En 15 minutos estaremos en lo alto. Nos ha costado algo menos de 3 horas y media desde Torla-Ordesa. Una cima perfecta. Solitaria y con gran panorámica de gran parte del Pirineo sobrarbense. 

Pradera de Ordesa helada
Además de lo mencionado hasta ahora, al norte pueden apreciarse los Gabietos, el Dedo, la Falsa Brecha, Bazillac, la Brecha de Rolando, el Casco (3006 metros), los picos de Marboré y las Tres Marías. Desde la cima no es posible ver el Taillón, tapado por el Gallinero, ni tampoco los tresmiles Monte Perdido, Soum de Ramond y Punta de las Olas, tapados por el Tobacor. De las Treserols, sólo el Cilindro da la cara.

Miradores del Molar. Picos Otal y Tendeñera
Al sureste, aparece la sierra Ferrera coronada por la Peña Montañesa (2291 metros), el Turbón (2492 metros), el macizo de Cotiella, Bramapán (1546 metros), Nabaín (1796 metros), Comiello (1890 metros) y el embalse de Mediano, así como los Sestrales y el Mondoto (1962 metros). También los pueblos de la Ballibió Fanlo, Buisán y Nerín.

Al sur, el cordal formado por la Punta Estatón (2137 metros) y el Tozal de la Caña (2006 metros) que comunica con la Punta Trallata o Pueyo de Ballarín (2027 metros), punto más elevado de la sierra de las Mentiras.

Mondarruego y Tozal de Mallo desde Punta Acuta
Al fondo, vemos las siluetas del Tozal de Guara (2077 metros) y del Fragineto (1734 metros) sobresaliendo a su derecha. Más adelante, la Peña Canciás (1928 metros), la sierra de Berroy y la sierra Coronas con sus cimas Fobions (1934 metros), Corona (1942 metros) y Suerio (1954 metros). 

Al suroeste la zona de Sobrepuerto con el cordal de Gábalo, Manchoya, Monchoa y Pelopín, el Serrato de Yosa, el Erata, el Oturia (1921 metros) e incluso la Peña Oroel (1770 metros) y los picos de San Salvador (1547 metros) y Cuculo (1549 metros), en la sierra de San Juan de la Peña.

Brecha de Rolando, Casco, Marboré y Cilindro
Al oeste, el cordal ya nombrado del Tozal de Comas, Mondeniero y Litro, delimitando la entrada al valle de Bujaruelo. Más al norte aparecen los poderosos picos Otal, Tendeñera (2845 metros) y Sabocos (2757 metros). Y, por detrás de éste último, aparece la sierra de la Partacua con su característica Peña Telera (2762 metros).

Al este, la larga pista continúa por la cresta del Tito rodeando por el sur el Pueyo de Mondicieto (2384 metros) en dirección a Cuello Arenas. Apreciamos también la sierra Custodia y tímidamente el circo de Soaso

Cotiella, Sestrales, Mondoto, Montañesa y Turbón
Espectacular visión de la sierra de las Cutas con sus reconocibles miradores del Molar, del Rey y de la Reina, estos últimos en lo alto de la cresta de Diazas.

A nuestros pies, el río Arazas y la pradera de Ordesa completamente helada, casi 1000 metros por debajo de nuestra posición. Escasos metros por debajo de Punta Acuta, se encuentra el mirador de la Herradura.

Tozal de Guara, Fragineto, Canciás y sierra Coronas
Tras tres cuartos de hora en la cima que se pasan volando es momento de comenzar el regreso. En vez de descender a la pista, crestearemos por el límite del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido hasta llegar a la Punta de Diazas (2163 metros) y a sus miradores de la Reina y del Rey, ambos bajo la nieve. 

Dejaremos antes, a nuestra derecha y cubierto por un buen paquete de nieve, el sendero que desciende a la pradera de Ordesa por el camino de Calcilarruego que conecta más abajo con la Senda de los Cazadores.

Gábalo, Manchoya, Pelopín, Erata, Oroel, San Salvador...
Tras visitar estos miradores y tomar las últimas fotos desde la cresta, descenderemos a la pista y desandaremos el largo camino hasta Torla-Ordesa. 

Regresaremos por el mismo itinerario siguiendo el PR-HU-129, pasando de nuevo por la ermita de Santa Ana, en unas 3 horas de descenso.

Ruta lineal con una pequeña parte circular de 15’5 kilómetros con un desnivel positivo acumulado de 1300 metros realizada en 6 horas y media sin contar paradas.

Miradores del Molar, Diazas y sierra de Tendeñera
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