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miércoles, 7 de febrero de 2018

Circular por la Solana: Puyuelo, Cámpol, San Felices y Villamana

Uno de los rincones de Cámpol
Nos volvemos a adentrar en el valle de la Solana para realizar una circular por los despoblados de Puyuelo, Cámpol, San Felices y Villamana.

Como todo el valle, estos núcleos fueron deshabitados en la década de los 60 con motivo de una política de repoblación de pinos que evitara la colmatación del proyectado embalse de Jánovas que, afortunadamente, nunca llegó a construirse.

Borda en Puyuelo
Desde Fiscal seguimos la carretera hacia Aínsa unos 10 kilómetros hasta encontrarnos una explanada con un silo de sal (675 metros), a escasos metros del despoblado de Lavelilla.

Aquí comienza nuestro recorrido, que coincide con la ruta 11 de la Zona Zero conocida como la ruta de la Caparra, siguiendo las indicaciones hacia los núcleos de Puyuelo, Cámpol, San Martín de la Solana y Yeba.

Paseando por Puyuelo
Iniciamos esta andadura con un ambiente gélido por una pista forestal que entre campos, pinos y boj se adentra en el valle remontando el barranco de las Gargantas, que cruzaremos en un par de ocasiones. 

Desde nuestros primeros pasos ya son visibles San Martín, Puyuelo y Cámpol, así como Nabaín y las sierras de Galardón y Bolave.

Alguna chaminera aún resiste en Puyuelo
En el momento en el que cruzamos el barranco por segunda vez (715 metros), la pista da paso a un precioso camino de herradura que comienza a ascender con amplias lazadas entre pinos repoblados, aliagas y boj, mostrando a tramos su empedrado original.

Conforme nos acercamos a Puyuelo aparecen restos de muros de piedra y antiguos bancales a ambos lados del sendero hasta que, tras poco más de media hora de camino, alcanzamos su reducido caserío (850 metros).

Puyuelo. Iglesia de San Juan Bautista
Ubicado sobre una escarpada ladera, Puyuelo llegó a tener tres casas que se disponían en una única calle, en la que también se encontraba una pequeña herrería. 

Entre sus ruinas, un par de chamineras sobreviven al olvido y desafían al paso del tiempo, que poco a poco va engullendo con su espesa vegetación todo cuanto se pone en su camino.

Apartada del núcleo camino de Yeba, Cámpol y San Martín encontramos su ruinosa iglesia de San Juan Bautista (s. XVII-XVIII), de planta rectangular y una espadaña campanario, siendo ésto lo más destacado del templo.

Imponentes paredones desde el camino a Cámpol
Continuamos el recorrido siguiendo la senda por una zona de margas hasta adentrarnos en un pinar de repoblación que gana altura de forma cómoda rodeando el Tozal del Pueyo a media ladera sobre el barranco Lieso.

Al llegar a la collata Lieso (980 metros) nos iremos alejando de este barranco para regresar a la margen izquierda del barranco de las Gargantas, que hemos de cruzar para seguir por su vertiente opuesta.

Entrando en la única calle de Cámpol
Tras ello encontraremos un cruce direccional, en el que dejaremos a la derecha el camino hacia la colladeta de Yeba para continuar hacia Cámpol y San Martín.

Iremos contorneando los entrantes y salientes de esta nueva y solana ladera ganando altura entre pinos, robles y boj, alcanzando otro cruce en el que obviaremos el desvío hacia San Martín (975 metros).

Paseando por las entrañas de Cámpol
Tras dos horas de agradable paseo llegaremos al despoblado de Cámpol (1070 metros), al que entraremos por un antiguo camino rodeado de bancales y pinos, habiendo dejado atrás su pequeño cementerio.

Sus seis casas se distribuyen en una única y larga calle en la que también encontramos la escuela, a la que acudían los niños de los pueblos de San Felices, Puyuelo, Villamana y San Martín.

Cámpol. Iglesia de Santa Marina
Su edificio más interesante es la iglesia de Santa Marina (s. XVII) junto a su esconjuradero, convertido en almacén, desde donde disfrutaremos de unas bonitas vistas de la ribera de Fiscal oteando JánovasSan Felices de AraAlbellaPlanillo y la Peña Canciás.

También son visibles los despoblados de Lavelilla, Puyuelo, San Felices de la Solana, San Martín, Ginuábel, Gere, Castellar y Burgasé, así como la sierra Coronas.

Antigua escuela de Cámpol
Su facilidad de acceso, siguiendo la carretera-pista que asciende a San Martín, ha favorecido la rehabilitación de algunas de sus casas y bordas, haciendo que este núcleo se vaya recuperando del abandono sufrido desde 1965.

Por detrás del viejo transformador encontraremos unos hitos que descienden por terrazas abancaladas hasta alcanzar una pista (965 metros) que, en dirección N, nos conduce a San Felices de la Solana.

Gere, Burgasé y San Felices de la Solana desde Cámpol
El ancho firme de tierra llanea hasta cruzar el barranco de la Espuña por un puente (940 metros), momento en el que comienza a ascender de forma cómoda hasta el pequeño caserío de San Felices (1020 metros), que alcanzamos en media hora desde Cámpol.

Unos 300 metros antes de llegar al mismo nos encontraremos con su iglesia románica de San Mamés, cuyo ábside semicircular fue sustituido en el siglo XVI por otro rectangular sobre el que se edificó la torre.

San Felices de la Solana. Iglesia románica de San Mamés
Antiguamente tenía un crismón trinitario que, en los años 90, fue trasladado a la cercana iglesia de Planillo.

Tres casas dispuestas en una única calle forman un núcleo con interesantes muestras de arquitectura popular en el que destacan bonitas chamineras y puertas doveladas. En la actualidad, San Felices está ocupado por un grupo de neorrurales que dan vida a un pueblo que estaba destinado al olvido.

Entrada al caserío de San Felices de la Solana
Nuestro siguiente y último objetivo es visitar el despoblado de Villamana. Para ello, hemos de desandar la pista hasta el punto donde la habíamos cogido, situado metros antes de que se junte con la carretera de acceso a Cámpol.

Estaremos atentos a unos hitos que salen de la pista por la derecha y descienden, acortando el trazado de la carretera, por un antiguo camino entre muros de piedra y pinos repoblados hasta toparnos con el firme rodado a la altura del desvío a San Martín de la Solana (910 metros).

Única calle de San Felices de la Solana
Apenas caminaremos por el asfalto puesto que los hitos lo siguen evitando, atajando por antiguas fajas de cultivo invadidas por los pinos hasta que, minutos después, volvamos a enlazar con la carretera (900 metros).

Continuaremos por ella unos 700 metros hasta llegar a una curva cerrada a la derecha, en la que encontraremos una pequeña senda sin señalizar, junto a un poste de alta tensión, que nos adentra en el pinar repoblado y nos dirige a Villamana (855 metros), al que llegamos en una hora desde San Felices.

Caserío de San Martín de la Solana
Fue el núcleo más pequeño del valle y estuvo compuesto por sólo dos casas que cerraron sus puertas de forma definitiva en 1964. 

Su bello camino de entrada delimitado por perfectos muros nos acerca a la ruinosa iglesia románica de San Pedro, en la que destaca un agrietado crismón trinitario tallado en su puerta y su ábside semicircular, cuyas pinturas se conservan en el Museo Diocesano de Barbastro

La bella entrada de Villamana
Otra construcción que sorprende por sus dimensiones es el secadero, robusto edificio de dos plantas muy importante en su época en el que destacan sus grandes vanos y arcos de medio punto.

Frente al secadero veremos unos hitos que, entre bancales y lazadas, nos conducen de nuevo a la carretera (790 metros). Pasaremos junto a un abrevadero y el buzón postal de Yeba antes de llegar a la carretera nacional Fiscal-Boltaña.

Villamana. Iglesia románica de San Pedro
Caminando los últimos metros por el arcén en dirección E llegaremos al silo de sal, donde daremos por finalizada esta interesante circular por este olvidado valle.

Ruta circular de 16 kilómetros con un desnivel positivo acumulado de 550 metros realizada en 4 horas y media sin contar paradas.

Track de Wikiloc aquí.

El espectacular secadero-pajar de Villamana
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jueves, 26 de octubre de 2017

Circular por el valle de la Solana: Tricás, Ginuábel y Muro

Otoño en Muro de Solana
De nuevo regresamos a la soledad del valle de la Solana para realizar una circular uniendo los despoblados de Tricás, Ginuábel y Muro de Solana.

Estos tres núcleos fueron expropiados para la repoblación de pinos que evitaran la erosión de la ladera y la posible colmatación del proyectado embalse de Jánovas que, afortunadamente, nunca se llegó a construir.

Las gentes de estos pueblos, como las del resto del valle, se vieron forzadas a vender sus casas al Patrimonio Forestal del Estado aceptando el poco dinero que les daban por ellas para invertirlo en busca de una mejor calidad de vida en lugares más desarrollados y con mejor futuro.

Ascendiendo hacia Tricás
Desde Fiscal cogemos dirección Aínsa hasta llegar al desvío de Ligüerre de Ara (730 metros), donde aparcamos en una explanada junto a un panel informativo de rutas que podemos realizar por la zona.

Comenzamos a caminar por el arcén de la carretera hacia Aínsa durante 2 kilómetros, dejando los pueblos de Javierre y Santa Olaria a la izquierda. Hemos de extremar la precaución por el tráfico y la estrechez de la calzada. 

El engullido despoblado de Tricás
En 20 minutos enlazaremos con una pista a la izquierda (705 metros) que nos adentra en el valle de la Solana, encontrando en su inicio información sobre varias rutas de BTT de la Zona Zero.

La pista comienza a ganar altura de forma cómoda entre robles, carrascas y boj. Pasaremos por una cantera en activo y seguiremos la margen derecha del barranco de Yasa hasta cruzarlo por un pequeño puente (875 metros).

Rodeados de un extenso pinar de repoblación la pista va aumentando la pendiente para, tras poco más de una hora de camino, llegar a una bifurcación sin señalizar (945 metros) en la que dejaremos por momentos la pista principal para seguir por la derecha hacia Tricás.

Tricás. Iglesia de Santa Águeda y Santa Inés
Metros antes de llegar al mismo, bajo el Tozal d’a Basa, seguiremos por la derecha en otro cruce de pistas sin señalizar (975 metros).

Escondido entre pinos repoblados se alza lo poco que queda en pie en Tricás (960 metros). Fue uno de los pueblos más pequeños del valle de la Solana. En el siglo XX mantuvo 6 casas abiertas y quedó deshabitado a finales de la década de los 50.

Su edificio más destacado es la iglesia de Santa Águeda y Santa Inés (s. XVI) que, como todo el núcleo, se encuentra engullido por la maleza y en estado ruinoso esperando su triste final.

Tricás. Trasera de la iglesia de Santa Águeda y Santa Inés
Tras la visita regresaremos a la pista principal para continuar nuestro recorrido. En la ladera opuesta podemos intuir el despoblado de Ginuábel, que será nuestra siguiente parada.

La pista asciende con amplias lazadas atravesando antiguos bancales de cultivo, hoy llenos de pinos de repoblación, bien delimitados por restos de muros de piedra.

Las carrascas y los robles irán apareciendo antes de llegar a un poste de madera que indica el descenso hacia Lacort (1090 metros), el cual obviaremos para continuar la pista en dirección a Muro y la ermita de Santiago.

Despoblado de Tricás
A nuestra derecha comenzaremos a ver el barranco de las Guargas y los núcleos de Giral, Castellar, Semolué, Campol, San Felices y San Martín de la Solana, así como Nabaín, la Peña Montañesa y la sierra de Bolave.

Tras 2 horas y media de camino llegaremos a un collado donde encontraremos una bifurcación (1195 metros), en la que seguiremos las placas de BTT que cogen la pista de la izquierda. La pista de la derecha se dirige al despoblado de Cajol.

Ginuábel. Casa Agustina e iglesia de Santiago
Nuestra pista vuelve a cruzar el barranco de Yasa (1210 metros) para cambiar de vertiente y dirigirse a Ginuábel entre pinos de repoblación. 

Dejaremos atrás una barrera antes de llegar a un nuevo cruce de pistas (1225 metros), en el que continuaremos por la izquierda dejando la pista principal a la derecha.

En 20 minutos desde el collado llegaremos a Ginuábel (1170 metros), donde encontramos calles engullidas por la maleza, alguna borda restaurada y trabajadas huertas. No vimos a nadie pero todo hace indicar que está habitado.

Ginuábel. Casa Castillo, abrazada por la maleza
Su caserío se halla semioculto entre una densa masa forestal y, debido a su complicada orografía, se cultivaba a base de terrazas, fajas y bancales para aprovechar al máximo el terreno.

Ginuábel tuvo 8 casas abiertas el pasado siglo y también escuela, a la que acudían los niños del pueblo y los del cercano Muro de Solana.

A pesar de llegar la luz eléctrica en 1945 procedente del molino de Jánovas, el pueblo se quedó completamente vacío en 1963 cuando Casa Périz cerró definitivamente sus puertas.

Caserío y huertas de Ginuábel
En su plaza destaca la iglesia parroquial de Santiago (s. XVI), en cuyo interior podemos observar restos de pinturas murales en las paredes y en la cúpula. 

Junto a la misma se alza Casa Agustina (s. XIX), levantada a partir de una antigua torre defensiva del s. XVII, con una chaminera que aún resiste el paso del tiempo. 

A escasos metros se encuentran el pozo y la fuente, que no era potable y era utilizada para los animales. Las gentes del pueblo se abastecían de numerosas fuentes cercanas.

Eras y bordas de Casa Dueso, en la parte alta de Muro
Una vez visitado Ginuábel hemos de regresar de nuevo a la pista principal para continuar el camino hacia Muro de la Solana. 

En otro cruce, dejaremos una pista a la derecha (1250 metros) que se dirige a la ermita de Santiago y pasaremos junto a un abandonado Land Rover (1275 metros).

Disfrutaremos de amplias vistas hacia el Congosto de Jánovas y Nabaín con la sierra de Campanué al fondo. Con vista, también divisaremos los Sestrales, Cotiella, Punta Lierga y parte del sector de Ordesa.

Muro de Solana. Iglesia de Santa María
Poco a poco iremos volviendo a la vertiente del Ara oteando la ribera de Fiscal, mientras que el boj vuelve a aparecer entre la predominancia del pino.

Distinguimos Jánovas, Albella y su ermita de San Úrbez, Planillo, San Felices y Ligüerre de Ara, Borrastre, San Juste, Fiscal, la Peña Canciás y las sierras de Galardón y Berroy.

También veremos, estratégicamente situado en lo alto de un cerro y dominando el valle del Ara, el despoblado de Muro de Solana al que llegaremos en una hora desde Ginuábel. 

Muro de Solana. Chaminera con la sierra Coronas de fondo
Encontraremos un camino que nos acerca hasta sus casas (1190 metros), dejando de forma definitiva la pista principal en dirección a Sasé.

Muro fue deshabitado a principios de los 60 y tuvo sólo 4 casas que se disponían en una única calle, la de San Pedro. Paseando por ella encontramos numerosos dinteles, pasadizos de piedra y alguna chaminera resistiendo. 

La luz, procedente de Fiscal, les llegó antes de la Guerra Civil y la fuente más cercana se encontraba en el camino de Sasé a unos 20 minutos del pueblo, adonde acudían a lavar la ropa.

Muro de Solana. Calle de San Pedro y Casa Matías
Destaca la iglesia románica de Santa María (s. XIII), en cuyo dintel de entrada está inscrito el año 1789 y a cuya torre se adosa un edificio de dos plantas que se utilizó como herrería (inferior) y como escuela a final del siglo XIX y principio del XX (superior).

Desde su zona más elevada veremos el despoblado de Sasé en la ladera opuesta del barranco de Llardó y la sierra Coronas con su techo Suerio

Desde Muro iniciaremos el regreso por un bello camino de herradura que, inicialmente entre muros, irá perdiendo metros por medio de lazadas hacia el barranco de Llardó o de Santiago, pasando junto a una borda. 

Borda en el camino próximo a la carretera
En menos de una hora desde Muro y entre boj, carrasca y pino alcanzaremos de nuevo la carretera (745 metros), que seguiremos en dirección a Aínsa hasta llegar al desvío de Ligüerre de Ara, donde habíamos dejado el coche.

Ruta circular de 18 kilómetros de distancia con un desnivel positivo acumulado de 750 metros realizada en poco menos de 5 horas sin contar paradas.

Ribera de Fiscal y Ligüerre de Ara
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jueves, 15 de diciembre de 2016

La sierra de Berroy, un mirador perfecto

Ribera de Fiscal y río Ara desde la sierra
De nuevo en el Sobrarbe, en esta ocasión para realizar una ruta en su mayoría circular por la casi olvidada y poco frecuentada sierra de Berroy.

Esta modesta sierra se encuentra en el extremo sureste de Sobrepuerto lindando con la ribera de Fiscal, por encima del despoblado de Berroy.

Es una zona que, como su vecina de enfrente sierra Coronas, ofrece una panorámica absolutamente espectacular de Ordesa, del valle medio del Ara y del solitario Sobrepuerto.

Mar de nubes en la ribera de Fiscal
El camino se inicia en el pequeño núcleo de Lardiés (900 metros), situado a un par de kilómetros de Fiscal. Junto a la maltrecha iglesia parroquial de Santa Águeda (s. XVII-XVIII) aparcamos los coches, en uno de los pocos espacios existentes en su casco urbano.

A escasos metros de la iglesia, cuando la carretera hace una curva cerrada a la izquierda veremos, a mano derecha, un sendero sin señalizar que sale del pueblo en dirección norte.

Sierra Coronas y ermita de San Mamés
Sus primeros metros discurren, entre robles y matorral bajo, paralelos a una valla metálica que delimita una propiedad privada. En el camino encontramos algunos hitos de piedras que nos facilitan su seguimiento.

La ribera de Fiscal nos recibe con un mar de nubes entre el valle de la Solana y la sierra de la imponente Peña Canciás (1928 metros). En el llano, el río Ara serpentea directo hacia el Congosto de Jánovas y el embalse de Mediano.

Crucero de Asué
Tras los primeros 20 minutos llegaremos a un abrevadero junto a un muro de piedra y, unos metros después, enlazaremos con una pista (1050 metros). 

Por detrás de la misma, encontraremos una amplia senda que, entre pino de repoblación y boj, asciende con moderada pendiente al despoblado de Berroy (1180 metros), al que llegamos en otros 20 minutos.

Sus ruinosas casas se encuentran dispersas y desordenadas entre la maleza y resulta bastante complicado moverse por el pueblo. Destaca la iglesia de San Ramón Nonato que, como todo el pueblo, se encuentra en pésimo estado. Sólo alguna borda aguanta con sufrimiento el paso del tiempo.

Ruinas en la Pardina de Asué
En la entrada del pueblo, encontramos dos visibles flechas de color amarillo en la pared de una casa. La de la izquierda nos llevaría hacia el collado de Rematrices, por donde cerraremos la circular, y la de la derecha hacia la Pardina de Asué.

Seguiremos ésta última en dirección norte a media ladera por un sendero balizado por la Zona Zero de Aínsa, con espectaculares vistas de Ordesa, de la sierra Coronas y de la ribera de Fiscal.

Asín de Broto, Buesa, Sarvisé y murallas de Ordesa
En pocos minutos, dejaremos a la izquierda un sendero que asciende de forma directa y sin tregua hacia la sierra de Berroy (1210 metros). En un cómodo llaneo por la ruta 26 de la Zona Zero veremos, al este, la ermita de San Mamés y las puntas Aguilar (1642 metros) y Fobions (1934 metros).

Por un bonito bosque mixto iremos avanzando, dejando atrás el antiguo crucero de Asué y encontrándonos con el sendero que desciende hacia Fiscal (1220 metros). Dejaremos este desvío a la derecha y continuaremos hacia la cercana y ruinosa Pardina de Asué, a la que llegamos tras una hora y cuarto de tranquilo camino.

Pardina de Asué. Al fondo, Asín de Broto
Desde la pardina, divisamos los núcleos de Asín de Broto, Sarvisé, Buesa y Ayerbe de Broto, el pliegue acostado de Torla, los murallones de Ordesa, las sierras Coronas y de las Mentiras y el cordal de Gábalo (1958 metros) y Manchoya (2033 metros).

Tras una breve parada seguiremos por una pista, rodeados de pino de repoblación. En 20 minutos, enlazaremos con otra pista procedente de Bergua (1240 metros) que asciende a la montaña de Berroy. Sin pérdida alguna, continuaremos por esta última, mientras la nieve va haciendo acto de presencia.

Nabaín, Peña Montañesa, Punta Lierga, Cotiella y Turbón
La pista gana desnivel de forma constante, dejando a la izquierda el desvío hacia la ermita de San Jaime (1300 metros) y otro a la derecha que desciende a Bergua (1325 metros). Continuaremos por la pista, ya con nieve de forma permanente, hasta llegar a un abrevadero (1490 metros) tras 50 minutos.

En este punto podemos continuar por la pista o seguir en dirección oeste por la ruta de Zona Zero hacia el collado de Rematrices, trazado que no asciende a la montaña de Berroy. Nosotros elegimos la primera opción y continuamos ascendiendo por la pista.

Tresmiles de Ordesa. Treserols y Punta de las Olas
Poco a poco el pinar de Alfanz va dando paso a amplias y blancas praderas donde comenzamos a disfrutar de las vistas. Tras otros 20 minutos, llegaremos a un pequeño collado que separa las dos antenas de Caperatas (1570 metros).

Nos acercamos a la primera de ellas, la antena este, y seguiremos ascendiendo por la pista hasta llegar a la segunda (1615 metros), ubicada al oeste de la anterior. La vista es realmente espectacular.

Sierra de la Partacua, Erata, Basarán y Escartín
Al noroeste observamos la sierra de la Partacua y su Peña Telera (2762 metros) con Collarada (2886 metros) más al fondo. Más cerca, en Sobrepuerto, es visible el despoblado de Escartín, la ermita de San Benito, los picos Pelopín (2005 metros) y Erata (2003 metros) y, al fondo, la sierra de Tendeñera.

Al sureste, podemos divisar el extraordinario valle del Ara, ya sin nubes bajas que impidan contemplarlo. Podemos ver los pueblos de Fiscal, ArresaBorrastreSan JusteLigüerre de Ara y Albella, el solitario valle de la Solana y la siempre presente cara norte de la Peña de Canciás.

Sobrepuerto. Oturia, Cillas y Cortillas
Al norte, Ordesa en todo su esplendor. Mondarruego (2847 metros), el Tozal del Mallo (2254 metros), el Gallinero (2752 metros), Tobacor (2779 metros), la sierra de las Cutas y Punta Acuta (2242 metros), los Gabietos, el Dedo, la Falsa Brecha, Bazillac, la Brecha de Rolando, los tresmiles del Taillón, el Casco, los picos de Marboré, las Treserols y la Punta de las Olas, así como el collado de Añisclo, La Suca (2802 metros) y las Tres Marías.

La norte de Peña Canciás
Al noreste aparece la sierra Coronas con sus puntas Aguilar, Fobions, Corona (1942 metros) y Suerio (1954 metros). Al este distinguimos Nabaín (1796 metros), Punta Lierga (2267 metros), la Peña Montañesa (2291 metros), el Turbón (2492 metros) y el macizo de Cotiella

En las antenas comienza a aparecer el boj y el erizón, escondido bajo un buen manto de nieve virgen. En condiciones normales, el ascenso por la cresta a la Punta Berroy no entraña dificultad, pero hoy es incómodo ya que la nieve tapa las trazas de sendero y vamos pisando erizón de forma continua. 

Cordal de Pelopín a Gábalo. Al fondo, Ordesa
Tras 3 horas y media de camino, llegamos a la Punta Berroy (1658 metros), desde donde contemplamos la amplitud de Sobrepuerto y sus pueblos Escartín, Basarán, Cillas, Cortillas y Sasa, custodiados por el Oturia (1921 metros).

Unas fotos y comenzamos a descender hacia el collado de Rematrices (1550 metros), donde volveremos a enlazar con la ruta de Zona Zero. El descenso hasta el collado es una pelea continua con el erizón y el boj. De todos modos, se ve en todo momento la ubicación del collado y sólo tenemos que descender por donde mejor veamos.

Despoblado de Berroy
Una vez en el collado, pasaremos por unas antiguas mallatas e iniciaremos un cómodo descenso por un sendero abancalado a media ladera entre boj, pino y robles, contorneando el suave relieve de la cara sur de la sierra de Berroy. 

Disfrutaremos de la amplia panorámica hacia la ribera de Fiscal y Peña Canciás e iremos acercándonos de nuevo al despoblado de Berroy al mismo tiempo que los rayos de sol van despidiendo el día. Dedicamos unos minutos a ver los trabajados muros que con tanto esfuerzo levantaron aquellas generaciones que vivieron aquí hasta la década de los años 60.

Borda en Berroy
Desde Berroy, desandaremos el mismo camino de ida hasta Lardiés donde, tras poco más de dos horas de descenso, daremos por finalizada una ruta solitaria e increíblemente poco transitada que nos ha dejado un buen sabor de boca.

Ruta en su mayoría circular y una pequeña parte lineal de 14’5 kilómetros y un desnivel positivo acumulado de unos 800 metros realizada en menos de 6 horas.

Fiscal y laderas del valle de la Solana
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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Sasé, una de las joyas de La Solana

Chamineras de casas Pedro y Vallés
El valle de la Solana alberga un amplio abanico de núcleos que fueron expropiados en la década de los años 60 debido a una política de repoblación forestal por la amenaza de construcción del embalse de Jánovas

Afortunadamente como todos sabemos, este proyecto jamás se llevó a cabo. Pero el daño ya estaba hecho. Sus gentes se vieron obligadas a emigrar fuera del valle, dejando toda una vida y sus recuerdos en él.

Desde entonces, este valle es una tierra solitaria y silenciosa por la que merece la pena perderse. Los pueblos añoran la alegría de antaño mientras sus últimas casas sucumben lentamente al paso del tiempo.

Fiscal y Peña Canciás
Nos acercamos al despoblado de Sasé, en la margen izquierda del río Ara, un núcleo señorial que aún conserva interesantes vestigios que nos recuerdan que, junto con Burgasé, fue el pueblo más importante de la Solana.

El camino se inicia en la entrada del pueblo de Fiscal (760 metros), frente al puente sobre el Ara que da acceso a la localidad, donde veremos unas indicaciones hacia a la ermita de San Miguel y Sasé.

Ermita de San Miguel y Peña Canciás
El sendero gana altura de forma rápida entre robles, boj y alguna carrasca. A medida que ascendemos comienza a dejarse ver la ribera de Fiscal, los pueblos de Lardiés y Borrastre y la abrupta e imponente cara norte de la Peña Canciás (1928 metros).

Los últimos coletazos del otoño hacen del ascenso un ameno paseo rodeados de coloridos robles y, conforme entramos en zonas más altas y umbrías, comienza a aparecer el pino.

En 40 minutos llegaremos al altozano donde se halla la desolada ermita de San Miguel (1060 metros) que data del año 1790.

Caminando entre la otoñada
Sin techo y con grandes grietas en sus paredes, parece que no le queda mucho tiempo para caer. Aún se aprecia, entre sus ruinas, el pequeño altar bajo una maltrecha bóveda.

Una breve parada y seguiremos el camino para adentrarnos poco a poco en el corazón de la Solana. En dirección noreste, el sendero se adentra en un frondoso robledal. En los claros del bosque podemos apreciar el despoblado y la sierra de Berroy y la Pardina de Asué.

Ribera de Fiscal y Peña Canciás
Este sendero se encuentra balizado por la Zona Zero de Aínsa, por lo que nos podemos encontrar ciclistas que desciendan por el mismo. Siempre estar atentos a esta posibilidad.

En media hora desde la ermita, el sendero se encuentra de frente con un muro (1220 metros), momento en el que cambia de dirección hacia el sur. 

En otros 15 minutos llegaremos a un escarpe rocoso (1290 metros) desde el que se tienen unas vistas espléndidas de la ribera de Fiscal y de parte de Sobrepuerto.

Ermita de San Mamés, Gábalo y Manchoya
Al noroeste, se divisa el cordal de Gábalo (1958 metros) y Manchoya (2033 metros), el Erata (2003 metros), su ermita de San Benito y el despoblado de Escartín. Más cerca, la ermita de San Mamés, cercana al pueblo de Asín de Broto y la falda sur de la Punta Aguilar (1642 metros), en la conocida sierra Coronas.

El sendero pasa por una borda en ruinas conocida como Caseta de Latorre y va contorneando cómodamente los suaves relieves montañosos, donde abunda el pino repoblado y, en algunos tramos, el erizón. En otros 30 minutos, enlazaremos con una pista (1360 metros) que ya no abandonaremos hasta llegar a Sasé.

Caseta de Latorre
En descenso, esta pista nos muestra vistas del macizo de Cotiella, de la torre del despoblado de Muro de la Solana y del cordal de las puntas Fobions (1934 metros), Corona (1942 metros) y Suerio (1954 metros). Rodeados de pino de repoblación y boj, tras 20 minutos pasaremos por delante de una ruinosa borda y, 15 minutos después, llegaremos a Sasé (1205 metros).

En su entrada, al lado de un coche abandonado, encontramos el PR-HU-42 en dirección a la ruinosa ermita de Santiago y al despoblado de Cajol.

Cordal de Fobions, Corona y Suerio
Entre la maleza de sus calles podemos observar pórticos señoriales y llamativos dinteles. El más antiguo es el de Casa Ambrosio, de 1690. Aún resisten preciosas chamineras en algunos tejados, como los de las casas Pedro y Vallés, junto a la amplia plaza del pueblo, donde también se halla el lavadero.

Pero si algo destaca en Sasé es la alargada torre-campanario de la iglesia románica de San Juan Bautista, considerada uno de los emblemas del valle de la Solana. La iglesia data del siglo XII con posteriores modificaciones, sobre todo en el siglo XVI.

Torre-campanario de la iglesia de San Juan Bautista
Sasé es el símbolo de la okupación rural en el Pirineo. En enero de 1996 un grupo de más de 50 personas, en situación de dudosa legalidad, se instalaron en el pueblo, propiedad del Gobierno de Aragón.

Pero en octubre de 1997, agentes de la Guardia Civil, atendiendo a una orden del Juzgado de Instrucción de Boltaña, procedieron al desalojo del pueblo. 

Hoy en día, como en otros pueblos de la Solana, continúan viviendo algunos okupas con un modelo limitado de autogestión.

Escuela de Sasé
El regreso lo realizaremos por el bien indicado PR-HU-42 en dirección Fiscal. Este sendero se toma junto a la fácilmente reconocible escuela, de color rosa, a escasos metros de la iglesia, y se encuentra delimitado por esbeltos y perfectos muros de piedra.

Iremos ganando panorámica en dirección sur, siempre acompañados por pinos de repoblación, con visión directa de Muro de la Solana, ubicado en la ladera opuesta, separado por el profundo barranco de Santiago. Más abajo, en nuestra misma ladera, se intuye el Camino del Llardó que también se dirige a Sasé. 

Interior de la iglesia de Sasé
El descenso es muy cómodo, lo que nos permite disfrutar del paisaje y de la cálida luz vespertina, que realza la silueta de las montañas. Veremos pueblos de la margen derecha del Ara como Ligüerre y Albella con su cercana ermita de San Úrbez.

Siguiendo las visibles marcas amarillas y blancas del PR pondremos rumbo a Fiscal, de nuevo entre boj y pinos. Obviaremos dos trazas de sendero que salen a nuestra izquierda y seguiremos en descenso pasando por delante de otra borda derruida.

Paseando por Sasé
Conforme vamos perdiendo altura, vuelve a aparecer el colorido de los robles. Atravesaremos una pista (810 metros) para caminar los últimos metros de sendero hasta encontrarnos con una borda en perfecto estado, y posiblemente aún utilizada, a pie de carretera.

En pocos minutos, siguiendo la carretera, estaremos de regreso en Fiscal, donde daremos por finalizada este interesante paseo tras hora y media de descenso.

Barranco de Santiago, Muro de la Solana y Ligüerre de Ara
Ruta circular de 10’5 kilómetros de distancia y un desnivel positivo acumulado de 630 metros realizada en poco más de 4 horas.

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