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jueves, 27 de abril de 2017

De Villanúa a Cenarbe por el viaducto de San Juan

Cenarbe. Iglesia de San Pedro
Esta semana regresamos a la Jacetania para visitar lo poco que queda de Cenarbe, un despoblado expropiado en la década de los 50 por el Patrimonio Forestal con motivo de la construcción del embalse de Yesa.

Un sencillo y agradable paseo circular que nos sorprenderá por la variedad de puntos de interés que nos vamos a ir encontrando a lo largo de sus 14 kilómetros.

Nos desplazamos hasta Villanúa (945 metros), núcleo que se encuentra dentro de lo que fue el glaciar del valle del Aragón, cuya morrena principal se localizaba donde actualmente se ubica Castiello de Jaca. 

Collarada y los Campaniles
La ruta se inicia en las afueras del pueblo y sigue la estrecha carretera que se dirige al cementerio por el Camino de Orbil, paralelos a la margen izquierda del río Aragón. 

Rodeados de campos de cultivo, caminaremos de forma cómoda por el GR-65.3.1 y el Camino de Santiago en dirección a Castiello de Jaca, teniendo a nuestra espalda vistas fabulosas de los picos Collarada, Collaradeta y de Los Campaniles. 

Pasaremos por un antiguo vertedero sellado ubicado unos metros antes de un panel explicativo sobre la formación del valle del Aragón que señala diversos puntos como la modesta sierra Carrascala y la Punta la Rapeda. 

Viaducto de San Juan con Collarada al fondo
Poco después, dejaremos a la izquierda el sendero de las Espetreras y seguiremos por la carretera con visión del pueblo de Aratorés y de la sierra de los Ángeles. 

Poco a poco el valle se va abriendo al norte, divisando la zona de Tortiellas, los Lecherines y el pico de La Raca, que cierra por el sur el circo de Astún. 

En pocos minutos llegaremos al cementerio (955 metros), donde el asfalto da paso a una pista de tierra por la que deberemos de continuar. 

Ermita de San Juan de Izuel
Dejaremos a la derecha el desvío al Campamento Cheso y el Camino viejo de Orbil para seguir por el marcado GR y el Camino de Santiago.

Tras pasar junto a una placa que señaliza una fuente llegaremos a una bifurcación sin señalizar (960 metros), en la que continuaremos por el camino principal. Metros después, volveremos a obviar las indicaciones que conducen al camino viejo de Orbil.

Pasaremos por una explotación ganadera, momento en el que la pista se retuerce en una curva. En un nuevo cruce seguiremos por la pista principal (935 metros), comenzando a divisar la silueta de la Peña Oroel.

Interior de la ermita de San Juan de Izuel
Tras 45 minutos de camino, enlazaremos con el GR-15 en dirección a Acumuer y la ermita de Santa María de Iguácel, dejando el GR-65.3.1 y el Camino de Santiago que continúan hacia Castiello de Jaca. Ya observamos la cresta de los Bacún y el cordal que finaliza en la Punta Canals.

Este nuevo GR nos conduce al viaducto de San Juan (960 metros), conocido popularmente como viaducto de Cenarbe, una de las obras arquitectónicas más relevantes que fue necesario construir para la línea internacional Pau-Canfranc-Zaragoza. 

Entre pinos de repoblación
La calidad de su construcción y su estratégica funcionalidad le hicieron una pieza determinante en el complejo trayecto que hubo que trazar para superar la abrupta orografía del valle.

Se inauguró en 1916 y se sitúa después de un túnel helicoidal construido para que el Canfranero ganase altura antes de encarar el tramo más complicado de esta mítica línea ferroviaria.

Fuente de Cenarbe
Nosotros seguiremos por la pista, pasando una barrera que impide el paso de vehículos a motor para llegar, en 20 minutos, a la ermita de San Juan de Izuel (1010 metros), el único resto que ha pervivido del antiguo poblado de Izuel (s. XIII), en cuyo interior encontramos pinturas murales.

Poco después de la ermita, dejaremos el GR-15 a la derecha y seguiremos la pista ganando altura por el interior de un pinar de repoblación, con una visión ya lejana del viaducto de San Juan y del valle del Aragón.

Viaducto de San Juan y Aratorés
Tras media hora comenzaremos a ver, en lo alto de una loma, la maltrecha torre de la iglesia de Cenarbe. Junto a la pista veremos su bonita fuente y seguiremos hasta llegar, en menos de 2 horas, al silencio y las ruinas del pueblo (1180 metros).

Lo único que se mantiene en pie es la iglesia románica de San Pedro (s. XII), con numerosas modificaciones posteriores. La encontramos con grandes grietas en sus muros, con el tejado hundido y con una torre defensiva que tiene los días contados.

Cenarbe. Iglesia de San Pedro
Desde 2012 la iglesia se encuentra incluida en la lista roja de la Asociación Hispania Nostra, que recoge aquellos elementos del patrimonio histórico español que se encuentran en peligro de desaparición.

Cenarbe fue un pueblo ganadero y agrícola que rondó los 200 habitantes en su máximo histórico a principios del siglo XX hasta que fue despoblado a mediados de los años 60.

Sus tierras se repoblaron de pinos con la idea de frenar la erosión de este y el anexo valle de la Garcipollera y así evitar la posible colmatación del vaso del embalse de Yesa. 

Cenarbe. Interior de la iglesia de San Pedro
Sus casas fueron dinamitadas en los años 80 para evitar que el ganado entrara en ellas. Y quien sabe si para facilitar su expolio o para evitar cualquier posible reivindicación futura de los vecinos respecto a sus propiedades.

Por el PR-HU-2.1, que sale detrás de la iglesia e inicialmente vestido por la vegetación, comenzaremos el regreso hacia Villanúa. Rodeados de boj y retirando alguna zarza, iremos avanzando entre antiguos bancales de cultivo y muros de piedra que resisten a duras penas el paso del tiempo.

Entre robles de regreso a Villanúa
Un sendero tradicional muy frecuentado antaño por los vecinos de Cenarbe en el que van a ir apareciendo algunos ejemplares de roble y carrasca en una vegetación donde predomina el pino.

En ocasiones, el sendero se encuentra empedrado a modo de calzada. Con un leve descenso llegaremos una zona árida donde la erosión ha modelado una zona de afiladas calizas por donde bajan un par de barranqueras (1125 metros).

Pasaremos por un pequeño robledal, oteando las últimas vistas del despoblado de Cenarbe antes de llegar, en 40 minutos, a un cortafuegos (1220 metros), punto más elevado de la ruta.

Dolmen de Diez Campanas
A partir de aquí el PR-HU-2.1 comienza el descenso por el interior un bosque dominado por el pino, el boj y alguna pequeña masa de erizón disfrutando de una buena panorámica del valle hasta enlazar, en 20 minutos, con una pista (1120 metros) que seguiremos en dirección norte.

Escasos metros después, veremos que el PR deja la pista y sigue descendiendo por la izquierda. De forma momentánea, abandonaremos este PR y seguiremos por la pista para visitar el cercano dolmen megalítico de Diez Campanas (1135 metros).

Tortiellas y pico Lecherín
Su nombre se debe a que, según dicen, desde su posición se escuchaban las campanas de las iglesias de 10 pueblos distintos. 

Tenemos la opción de acercarnos a los prados de Diez Campanas o seguir descendiendo, ahora por el PR-HU-2, hacia Villanúa. Pasaremos por una fuente, cruzaremos la vía del Canfranero (1060 metros) y, tras una hora y media desde Cenarbe, estaremos de vuelta en el pueblo.

Finalizando la ruta en Villanúa
Ruta circular de 14’5 kilómetros con un desnivel positivo de 450 metros realizada en menos de 3 horas y media sin contar paradas.

Track de Wikiloc aquí.

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miércoles, 5 de abril de 2017

El Real de Mascún: Losa Mora, Nasarre y Otín

Delfín de Rodellar
Regresamos al Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara para realizar ruta muy variada y entretenida que tiene como punto de inicio el pueblo de Rodellar (760 metros).

Rodellar fue fortaleza durante la conquista cristiana dada su privilegiada ubicación sobre el cañón del Mascún y el valle del río Alcanadre. En su caserío destacan la iglesia de San Lorenzo (s. XVII) y bellos ejemplos de arquitectura tradicional.

Panorámica de Rodellar
A pesar de su apartada localización, es un pueblo con mucha vida dada la gran oferta de actividades que podemos realizar en sus inmediaciones. Sobre todo, para los amantes de los deportes de aventura, que tienen en esta zona de la sierra de Guara y en el barranco del Mascún todo un paraíso para el descenso de barrancos y la escalada.

Nos pondremos a caminar en el parking obligatorio para vehículos ubicado poco antes de entrar en el pueblo (740 metros). Siguiendo unos metros por la carretera nos adentraremos en su reducido casco urbano, dejando a la derecha el camping.

Descendiendo al barranco del Mascún
Múltiples paneles informativos nos dan la bienvenida y nos ofrecen gran variedad de propuestas. En esta ocasión, vamos a seguir el sendero S-3 del Parque Natural.

Este itinerario permite conocer el mítico barranco de Mascún tanto desde su cauce, adentrándose por caminos tradicionales hasta la surgencia o Fuente del Mascún, como desde lo alto, con espectaculares vistas aéreas de las agujas, ventanas y otras caprichosas formaciones esculpidas en la roca caliza. 

A su vez nos introducirá en la cultura megalítica, representada por uno de los dólmenes mejor conservados y más representativos del Parque Natural, la Losa Mora, y podremos rememorar la vida de antaño en los despoblados de Nasarre y Otín.

Surgencia o Fuente del Mascún
Cruzando el pueblo con vistas al caserío de Cheto nos dirigiremos al barrio de La Honguera, donde tomaremos un antiguo y empedrado sendero que desciende al cauce del Mascún. 

Este sendero no está balizado y parte junto a la señal del S-3 que indica el camino hacia la Surgencia del Mascún. En 20 minutos de bonito camino estaremos a orillas del río (700 metros), debiéndolo de cruzar para seguir por su margen derecha.

Desde esta perspectiva sorprende la forma y la verticalidad de las paredes del barranco, mezclada con una vegetación dominada por la encina, el boj y otras especies arbustivas.

El corte del Mascún desde el barranco de Andrebot
Más adelante tendremos que volver a cruzar el barranco en dos ocasiones, con la famosa ventana natural con forma de delfín por encima de nuestras cabezas. Según la época del año, puede que sea necesario descalzarnos para poder vadear el río.

Casi sin darnos cuenta nos iremos acercando a la fuente o surgencia del Mascún (720 metros), a la que llegaremos tras poco más de media hora de camino y después de volver a cruzar las aguas del barranco.

Esta fuente es una interesante manifestación del karst del entorno de la sierra de Guara. Se trata de un bonito rincón rodeado de grandes paredes calizas del que no se conoce mucho, siendo la procedencia de su agua uno más de los misterios de este barranco. 

De camino hacia la Losa Mora
Vadearemos otras dos veces el barranco hasta llegar a un cruce donde encontramos una gran variedad de señalización. Por un lado encontramos el desvío hacia otro de los atractivos de la zona, la vía ferrata del Espolón de la Virgen.

Por otro lado la desviación hacia Otín, por donde regresaremos para cerrar la circular. Nosotros obviamos estas indicaciones y continuamos hacia el dolmen de la Losa Mora, Nasarre y el barranco de las Gorgas Negras.

Dolmen de la Losa Mora
Volviendo a cruzar el barranco, de momento por última vez, tomaremos el camino de las Gargantas que asciende con moderada pendiente por un pedregoso sendero entre las escarpadas paredes del barranco de Andrebot.

Tras ello saldremos a una zona más abierta y soleada, donde dejaremos a la izquierda el desvío hacia el barranco Barrasil para continuar hacia la Losa Mora y Nasarre (935 metros). 

Rodeados de boj, erizón y matorral seguiremos ascendiendo de forma muy cómoda. Pasaremos por la base del Puntón de Andrebot y llegaremos al dolmen de la Losa Mora (1100 metros) tras menos de 2 horas.

Las siempre presentes Treserols y Tres Marías
Es, sin duda, uno de los megalitos más importantes del Prepirineo Aragonés. Fue excavado en 1935, encontrándose abundantes restos óseos junto a hachas de piedra, puntas de flecha y cuchillos de sílex.

Las gentes de la zona, sobre todo los pastores de Guara, cuentan sobre el dolmen historias y leyendas que tienen que ver con brujas, tesoros, seres fantásticos y extraños sucesos.

Desde su posición se tiene visión al norte del collado de Añisclo y las Tres Marías, de la sierra d’as Zucas, del Portillón de Tella, de Punta Suelza, de las peñas Altura, Lierga y Montañesa y del macizo de Cotiella, así como de la sierra de Balced al este.

Despoblado de Nasarre
Tras una breve parada, seguiremos las indicaciones y alargaremos la ruta hasta Nasarre por un sendero balizado con estacas de madera con pintura amarilla y verde. En este tramo nos separamos del sendero S-3 que volveremos a retomar en el despoblado de Otín.

Dejaremos un desvío hacia Rodellar y continuaremos hacia Nasarre, Bara y el barranco de las Gorgas Negras (1150 metros). Desde este punto se vislumbran las Treserols, la Punta de las Olas, los picos de Marboré, el Castillo Mayor, los macizos del Posets y Bachimala y los picos Maristás, Pegueras y Punta l’Orbar.

Nasarre. Iglesia de San Andrés
La cercana Pardina Bellanuga y Otín también son visibles a medida que nos vamos acercando a Nasarre al que llegamos, entre antiguos campos de labor, en media hora desde el dolmen. 

En su entrada encontramos indicaciones del sendero histórico GR-1 hacia Bara, Letosa y Las Bellostas, además de señalización hacia el barranco superior del Mascún, Miz y Alastrué. 

Al sur tenemos vistas de la sierra de Lupera, del Cabezo y del Tozal de Guara y, al norte, divisamos la sierra de Galardón y la Peña Canciás.

Pardina de Bellanuga
Nasarre (1190 metros) es uno de los núcleos abandonados ante la dureza de la supervivencia en esta sierra. Fue despoblado a finales de los años 40 y el éxodo a la ciudad dejó atrás siglos de historia y vivencia adheridos a sus esbeltos muros de piedra.

Era un pueblo pequeño con sólo tres casas que han cedido al paso del tiempo y se hallan espaldadas engullidas por la maleza. En el dintel de una de ellas se halla grabada la fecha de 1770.

Sólo algunas bordas y la espléndida y restaurada iglesia románica de San Andrés (s. XI), declarada Monumento Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural, se salvan entre tanta ruina.

De camino a Otín por el GR-1
Continuaremos rumbo a Otín dejando atrás el desvío a la Fuente de Nasarre. Tomaremos el mencionado GR-1 hacia Letosa y Las Bellostas y, por un antiguo camino inicialmente rodeado de muros, descenderemos hasta la Pardina Bellanuga (1105 metros), donde observamos un dintel que data de 1870.

Seguiremos descendiendo ya con visión directa de Otín, hasta enlazar con una pista un kilómetro antes de llegar al pueblo tras poco más de 3 horas de marcha.

Otín. Barrio bajo o del Barranco
Otín (1025 metros) contaba con once casas dispuestas en dos barrios, el bajo o del barranco y el barrio alto, ambos comunicados por un precioso camino delimitado por esbeltos muros que discurre por el interior de un espectacular bosque de quejigos.

El barrio bajo presenta una única calle donde se concentran la mayor parte de sus ruinosas casas. Encontramos algunas bordas que aguantan en aparente buen estado. La sencilla ermita de la Virgen del Barranco (s. XVIII) se encuentra unos metros al este del barrio.

Otín. Ermita de la Virgen del Barranco
Junto a ella tenemos indicaciones hacia el mirador, la Faja y el barranco superior del Mascún, así como señalización del GR-1 hacia Letosa y Las Bellostas.

En la entrada del pueblo, volveremos a enlazar con el sendero S-3 en dirección a Rodellar, que coincide con el PR-HU-162, dejando a la derecha un sendero que se dirige a las Colladas del Aire.

Pasaremos por el barrio alto (1065 metros), donde se ubica la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Probablemente fue construida sobre las ruinas de un templo anterior de origen románico y durante los siglos XVI y XVII sufrió importantes reformas. De ella dependió la cercana aldea de Letosa. Destacar además las casas Cosme Bellosta y Lujo, que fue la última en ser deshabitada a principios de la década de los 60.

Otín. Barrio alto
Entre antiguos bancales de cultivo iremos perdiendo altura para comenzar el regreso a Rodellar por el camino de la Costera de Otín. 

Nos despediremos de las Treserols y, tras un corto tramo de llaneo, comenzaremos a perder altura de forma brusca hacia el barranco del Mascún, pasando por las impresionantes formaciones geológicas de La Ciudadela y por la aguja de la Cuca Bellostas.

Tras más de una hora de espectaculares vistas, volveremos al cauce del barranco del Mascún (725 metros), el cual tendremos que vadear de nuevo en varias ocasiones, ahora disfrutando de una mejor visión del Delfín de Rodellar.

Barranco del Mascún
Más adelante, cerraremos la circular volviendo a enlazar con la bifurcación múltiple por la que habíamos pasado antes. Esta vez, seguiremos hacia la surgencia del Mascún, por la que volveremos a pasar vadeando un par de veces más el río.

En lo alto, veremos los últimos rayos de sol sobre la ermita de la Virgen del Castillo antes de poner rumbo a Rodellar siguiendo el sendero S-3 por un amplio camino a modo de faja que gana altura rápidamente.

Dejaremos el desvío hacia la ermita de la Virgen del Castillo y la vía ferrata del Espolón de la Virgen y entraremos en el casco urbano de Rodellar para finalizar uno de los recorridos más bonitos y conocidos de este Parque Natural.

La Ciudadela y la Cuca Bellostas
Ruta circular de 17 kilómetros con un desnivel positivo de unos 700 metros realizada en menos de 6 horas.

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jueves, 8 de septiembre de 2016

Circular por Santa Elena y Polituara

Calle única de Polituara
Un sencillo y entretenido paseo a caballo entre la Tierra de Biescas y el valle de Tena es el que nos lleva desde el parking de Santa Elena hasta el despoblado de Polituara. 

Podemos decir que este camino se trata de la continuación a la ruta que ya os describimos que iba desde Biescas hasta la ermita de Santa Elena. Ambas por separado son rutas cortas, ideales para realizar en una mañana o en una tarde. Si lo preferís, las podéis unir, teniendo en cuenta que es una ruta lineal que requiere de combinación de vehículos si no queremos volver por el mismo camino.

Línea P. Batería de San Martín
Unos 4 kilómetros al norte de Biescas encontramos el conjunto de Santa Elena, formado por el Fuerte, la ermita y el dolmen. A pie de carretera tenemos un parking donde dejar el coche (990 metros).

Comenzamos a caminar por asfalto cruzando el río Gállego por un puente. A los pocos metros, nos encontraremos una bifurcación que seguiremos hacia la izquierda enlazando con el PR-HU-78 procedente de Biescas. A la derecha, el camino se va hacia el dolmen y el Sendero Adaptado.

Búnker de la Línea P
Siguiendo las indicaciones hacia el Fuerte de Santa Elena y Hoz de Jaca, llegaremos a una barrera que impide el paso a vehículos no autorizados. Aquí se halla un pequeño aparcamiento y el desvío del PR hacia Hoz de Jaca que debemos seguir (1000 metros). Este PR es un ramal del Camino de Santiago como así nos indica un panel informativo.

Por este sendero vamos a encontrar numerosos restos de la organización defensiva de los Pirineos, conocida como Línea P, una barrera defensiva que se construyó entre 1939 y 1948 formada por unos 6.000 búnkeres. Mediante un trazado estratégicamente dispuesto se levantaron espacios para evitar que la Alemania nazi o los aliados entrasen a España por la cordillera pirenaica.

Mortero de la Línea P
Junto al desvío del PR tenemos la Batería de San Martín, un muro aspillerado ubicado debajo del Fuerte de Santa Elena. Tras un breve descenso, nos encontramos con la vía ferrata de Santa Elena, donde comienza un espacio natural de multiaventura con paneles sobre la flora que nos vamos a ir encontrando.

Entramos en un agradable, sombrío y fresco bosque mixto donde podemos observar algunas especies como fresnos, acebos, pinos, boj, coronas de rey, abedules, sauces, grasillas, orejas de oso y avellanos.

Barranco Espumoso
A la media hora de comenzar, llegamos a un espectacular búnker de mortero que consta de dos zonas, una exterior y otra cubierta. Construido en 1946, es una de las obras más grandes que se conservan en el entorno de Biescas. Para disimular la construcción y evitar que fuese reconocida por el enemigo, se mimetizó con el terreno, por lo que puede llegar a pasar desapercibida.

Pocos metros más adelante, cruzaremos por un puente de madera el barranco Espumoso (990 metros), punto donde finaliza la Tierra de Biescas y comienza el valle de Tena.

Puente tibetano sobre el Gállego
Junto al camino tenemos un nido de ametralladora desde donde se tenía acceso y alcance directo hacia la carretera. También podemos ver los restos de una pequeña central hidroeléctrica que aprovechaba las aguas del barranco que acabamos de cruzar.

Seguimos el PR para llegar, en un cuarto de hora, a un puente tibetano (990 metros), donde finaliza este circuito multiaventura.

Antiguamente este puente era de piedra y formó parte de las comunicaciones obligatorias entre Biescas y Polituara. Tras muchos años de uso y con la construcción del primer camino carretero en el valle de Tena, fue cayendo poco a poco en desuso.

Pozas de Polituara
Tras caminar por la orilla del Gállego y ver unas tranquilas y cristalinas pozas, ganaremos algo de altura pasando por un pequeño bosque de hayas para llegar a la losera de Polituara (1060 metros), una cantera de la que se extraían lajas de pizarra para construir los tejados de las casas. 

En sus alrededores pueden verse dos zonas de extracción, una escombrera y restos de las casetas de los loseros donde se cobijaban mientras realizaban este trabajo.

En media hora desde el puente tibetano, enlazaremos con el asfalto de la carretera de acceso restringido que va a la ya visible presa del embalse de Búbal. Dejaremos a la derecha el PR en dirección a la presa y Hoz de Jaca y giraremos a la izquierda (sur) para cruzar un puente y llegar al despoblado de Polituara (1015 metros).

El sendero es muy sombrío y fresco
Documentado por primera vez en el año 1295, su origen está ligado a la existencia de una antigua ermita románica conocida como Nuestra Señora de Polituara, que servía de albergue a peregrinos y viajeros.

Polituara era el primer pueblo del valle de Tena en la ruta hacia Francia y el Balneario de Panticosa. Estaba junto al Camino Real que recorría de norte a sur este valle. Como paso obligado de personas y mercancías era un lugar propicio para el cambio de caballerías, el paso del ganado en trashumancia y para el establecimiento de comercios.

Restos de una caseta de loseros
Para hacernos una idea del trasiego de gentes que pasaban por aquí, este pequeño pueblo llegó a tener dos comercios de ultramarinos, panadería, herrería, zapatero, losero y parada de la ruta de autobuses. Llegó a tener seis casas, destacando sobre el resto Casa Domec, que era panadería, comercio de ultramarinos, mesón y carnicería.

La primitiva ermita románica fue construida antes del siglo XIII y sobre ella se edificó la actual en el XVIII.

La expropiación de sus casas y tierras por la construcción del embalse de Búbal en la década de los años 60-70, apenas a un kilómetro del pueblo, y la modificación del trazado de la carretera provocó su abandono.

Ermita de Polituara
Una buena noticia. Una persona vecina del pueblo, lo ha comprado entero y lo está rehabilitando. Encontramos mucho material de construcción en su única calle. Ni resto de la maleza que se apoderaba de sus ruinas. El tejado de la iglesia es de nueva construcción y su perímetro lo encontramos rodeado de andamios. El tejado de otra de las casas, que debía ser la panadería, también estaba nuevo.

Tras la visita, seguiremos por la carretera en dirección sur hasta encontrar un búnker y una barrera. A los pocos metros, encontramos a la izquierda un desvío marcado con un hito y un panel en mal estado que desciende de nuevo al puente tibetano. Un panel nos informa de su obligada normativa. 

Calle única de Polituara
Lo cruzaremos con cuidado y desandaremos el sendero que nos había traído hasta aquí hasta regresar al Fuerte de Santa Elena y al parking en 40 minutos desde Polituara.

Sencilla ruta, en su mayoría circular, con una distancia de 6 kilómetros y un desnivel positivo acumulado de 250 metros realizada en 2 horas y media contando las paradas.

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martes, 5 de julio de 2016

De Guarrinza a Aguas Tuertas por la orilla del Aragón Subordán

Guarrinza y Casa de La Mina
Había pasado mucho tiempo desde que visitamos Aguas Tuertas por última vez. Es de esos lugares que se quedan grabados en la memoria durante mucho tiempo y al que sabes que tarde o temprano vas a volver.

Nos acompañaba un día nublado pero con una temperatura ideal para caminar. Eso sí, las montañas estaban cubiertas por nubes bajas que se habían quedado enriscadas en lo alto de las mismas. Aunque no íbamos a poder disfrutar de las vistas, sí que lo haríamos de la belleza que atesora este entorno.

Pasarela de las Fitas
Dejamos el coche en el parking de La Mina (1190 metros), el mismo lugar donde lo dejamos cuando realizamos la circular por el entorno del ibón de Acherito. 

De este modo, tenemos la posibilidad de recorrer el valle de Guarrinza siguiendo la margen derecha del río Aragón Subordán evitando el tramo de pista abierta al tráfico que asciende hasta el parking de Lo Barcal (1350 metros).

Río Aragón Subordán
Ya despierto de su letargo invernal, el valle es todo un espectáculo de vida. El verde de las praderas, el colorido de las flores, el sonido del río y muchas marmotas curiosas que alertaban al resto de nuestra presencia. 

Comenzamos a caminar por una pista que cruza el río por el ya conocido puente d’os Carabiners y llegaremos los desvíos del GR-11 hacia Zuriza y del GR-65.3.3 hacia los puertos de Palo y la Cunarda y hacia el ibón de Acherito (1235 metros). Obviaremos ambos desvíos y continuaremos por la pista sin señalizar hacia el refugio de La Mina.

Salto de Aguas Tuertas
En 10 minutos estaremos a la altura de la Casa de La Mina, ubicada en la margen izquierda del río. En sus proximidades podemos ver una pequeña pasarela para acceder a ella, y continuaremos hasta llegar al refugio militar de La Mina (1280 metros - 20 minutos).

Aquí se acaba la pista y comienza un camino difuso por amplios prados de alta montaña donde conviven en armonía caballos y vacas. Estas praderas son de gran importancia ya que son un territorio de propiedad mancomunada donde pastan ganados de Hecho, Ansó y Fago.

Pequeñas cascadas salen en nuestro paso
En otros 15 minutos llegaremos a la pasarela de las Fitas (1260 metros) que no cruzaremos, sino que seguiremos por la margen derecha del Aragón Subordán. A nuestra espalda, parece que por momentos quiere salir el sol, dejándonos ver los picos Sayéstico (2084 metros) y Chipeta Alto (2175 metros).

Cruzaremos sencillas barranqueras, avanzaremos por la base de las laderas y caminaremos por senderos discontinuos marcados por el paso de ganado, siempre por la margen derecha del río. 

Dolmen y valle de Aguas Tuertas
A pesar de lo difuso del terreno, no hay posibilidad alguna de pérdida. Poco a poco nos iremos acercando al Mallo Blanco (1527 metros) que rodearemos por su cara sur. 

Tras 2 horas llegamos al puente de los Chitanos (1415 metros) y, esta vez, lo cruzaremos para continuar por la margen izquierda del río. En este punto tenemos dos opciones. 

La primera, más entretenida y por la que nos decidimos, es continuar cerca del río para aproximarnos a las cascadas (1600 metros), donde éste se precipita tras retorcerse por el valle glaciar de Aguas Tuertas.

Aguas Tuertas. Meandros del Aragón Subordán
Tras un fuerte ascenso por bloques de roca y algún paso donde de apoyar las manos, llegamos al lugar donde el Aragón Subordán cae al valle de Guarrinza. Un lugar menos frecuentado al que merece la pena acercarse. Todo un acierto.

A escasos metros de las cascadas, encontramos el conservado dolmen de Aguas Tuertas (1610 metros) con el valle como telón de fondo cubierto con una densa niebla que impedía ver su belleza.

Refugio del Achar de Aguas Tuertas
Hechas las fotos de rigor avanzaremos hacia la planicie hasta llegar al collado de Aguas Tuertas, donde paramos a comer en las proximidades del refugio de pastores de Achar de Aguas Tuertas (1620 metros – 3 horas sin contar paradas).

La segunda opción, más sencilla y recomendada para hacer en familia, es ascender por la ladera herbosa de forma directa en dirección sur y enlazar con la pista de Guarrinza, ya cerrada al tráfico, que en este tramo coincide por el GR-11.

Valle de Guarrinza
Encontraremos un sendero bien visible que, en moderada pendiente, acorta la pista y nos acerca al refugio del Achar de Aguas Tuertas. Desde aquí, y en dirección norte, también podemos visitar el dolmen y las cascadas de de Aguas Tuertas.

El valle de Aguas Tuertas es uno de los rincones más bonitos del Pirineo. En la serenidad de su extensa llanura, el río Aragón Subordán serpentea formando pequeños meandros que dan nombre al valle.

Guarrinza. Cascadas de Aguas Tuertas
El regreso lo realizamos por el GR-11 en dos horas, inicialmente por el sendero que desciende desde el refugio de Aguas Tuertas hasta la pista, para continuar por ella pasando por el parking de Lo Barcal y llegar hasta la altura de La Cantina (1250 metros) y de Casa de La Mina (1220 metros). 

Allí, podemos cruzar la pasarela existente en sus proximidades o continuar por la margen izquierda para buscar el mejor lugar para cruzar el río.

Valle de Guarrinza y el Aragón Subordán
La ruta nos permite disfrutar de unas interesantes vistas del tramo comprendido entre La Mina y Aguas Tuertas. Hemos descubierto el paraje de Guarrinza desde otro punto de vista que, sin duda, merece mucho más la pena que si transitamos por la monótona pista.

A la grandiosidad del paisaje se le une la presencia de dólmenes y restos megalíticos que nos hablan de lo remoto del poblamiento en estas tierras.

La gran mayoría de la gente realiza esta ruta desde el parking de Lo Barcal siguiendo la pista y el GR-11 hasta el refugio de Aguas Tuertas. Si se quiere, podemos alargar la ruta siguiendo este GR hasta el ibón de Estanés (1792 metros) por el puerto de Escalé.

La Cantina
Desde Lo Barcal hasta Aguas Tuertas, la ruta tiene una distancia de 6 kilómetros ida y vuelta y un desnivel positivo de 260 metros. Es ideal para realizar con niños y en invierno para transitar con raquetas de nieve.

De la forma en la que la hemos realizado nosotros, la ruta tiene una distancia de 14’5 kilómetros y un desnivel positivo de 450 metros con una duración de 5 horas sin contar paradas.

Track de Wikiloc aquí.

Callejeando por la villa de Hecho
Una recomendación. De regreso, haced una parada para pasear por la villa de Hecho. Os encontraréis un conjunto urbano bien conservado, famoso por su arquitectura tradicional, presidido por la iglesia parroquial de San Martín, de origen románico y reedificada en el siglo XIX.

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